Escorpión asintió con total seriedad.
—¡Claro! En este bajo mundo nos gustan los nombres que te dicen de inmediato quién eres. Sirve para hacerse de reputación. La gente escucha La Sanadora y de inmediato sabe que es del área médica, es súper práctico.
Cada vez se sentía más segura de sus argumentos.
—Mira a La Muerte Viviente o a Milagros, ¿a poco no van directo al grano también?
Álvaro rio ante su ocurrencia.
—Es verdad. Uno escucha el nombre y de inmediato sabe a qué se dedican.
No siguió preguntando, solo dijo con tono suave:
—Ya que lo tienen todo planeado, yo, como el hermano mayor, solo seguiré sus instrucciones.
Escorpión soltó un suspiro de alivio en su interior.
Por fin había salido del apuro.
Bajó la mirada hacia el pequeño resto de flan en su plato y recuperó la alegría.
Pero entonces, Álvaro habló de nuevo:
—Señorita Violeta Suárez, ha trabajado mucho.
Escorpión levantó la cabeza de golpe.
El flan temblaba ligeramente frente a ella, con esa textura esponjosa que era imposible de rechazar.
Y el hombre sentado frente a ella la miraba con ojos cálidos y una sonrisa en los labios.
La luz caía sobre él, bañando sus facciones elegantes y refinadas con una suave calidez.
Su voz también era suave.
Era el gran heredero de los Ibarra.
Ese zorro astuto que podía llevar a la quiebra a cualquiera entre risas en el mundo de los negocios.
Y sin embargo, ahí estaba, cocinando para ella, preparándole el postre y diciéndole con esa voz tan cálida que había trabajado mucho.
El corazón de Escorpión se saltó un latido.
Luego, empezó a latir un poco más rápido.
Parpadeó.
Un poco incómoda, bajó la vista, hundió la cuchara en el flan y se lo llevó a la boca.
Como si quisiera ahogar esos latidos extraños con un poco de azúcar.
Qué raro, este postre no llevaba alcohol, ¿por qué sentía las mejillas calientes?
—T-Tampoco fue para tanto —balbuceó con la cuchara en la boca—. Es lo que tocaba.
Álvaro notó cómo las puntas de sus orejas se teñían de rosa bajo su cabello rojo, y la sonrisa en sus ojos se profundizó.
No la molestó más.
Cuando Escorpión terminó hasta la última gota de postre, se acarició el estómago con cara de satisfacción.
—Estoy llenísima.

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