—En la Ruta Cero, solo tres tipos de personas logran abordar la nave.
Un leve brillo cruzó la mirada de Kiara.
—¿Cuáles son?
Gonzalo pronunció cada palabra con pesadez:
—Compradores, mercancía y cazadores.
La mención de esas tres categorías.
Hizo que la atmósfera de la habitación se volviera opresiva y gélida.
Kiara tomó la palabra:
—Don Gonzalo, por favor, sea más específico.
El anciano asintió.
—Los compradores son aquellos con la aprobación oficial de la Ruta Cero para realizar transacciones.
—Pueden ser traficantes de armas, clientes de sustancias ilícitas en el mercado negro, o incluso intermediarios de cárteles, corporaciones oscuras o laboratorios clandestinos.
—Si posees la liquidez económica suficiente, los contactos necesarios y logras obtener un Pase de Pluma de Cuervo, subes a bordo como comprador.
—Y el mercado en la Ruta Cero es increíblemente diverso.
—Armamento, drogas, resultados de investigaciones prohibidas, chips neuronales, especímenes biológicos... e incluso vidas humanas.
La voz de Gonzalo se apagó de forma repentina.
—A veces, lo que un comprador adquiere no es un objeto... son personas. O el derecho a matarlas.
Escorpión frunció el ceño con disgusto.
—¿Y qué hay de la mercancía?
Gonzalo la miró con profundo dolor en los ojos.
—La mercancía es... todo aquello que se subasta a bordo.
—A veces son pruebas biológicas, a veces archivos confidenciales, y otras...
Tragó saliva con dificultad.
—Son seres humanos.
La mirada de Kiara se fue volviendo más gélida a cada segundo.
Gonzalo esbozó una sonrisa amarga.
—Las Bio-quimeras del Laboratorio Ocaso Negro, en su mayoría, eran trasladadas bajo la etiqueta de mercancía.
—Las encerraban en cámaras criogénicas especializadas o en cápsulas de supresión neurológica. En los registros oficiales figuraban como muestras biológicas raras o desechos médicos de alta peligrosidad.

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