Vanesa, ajena a los planes ocultos de los demás, solo sabía que su adorada hija se dirigiría a ese peligroso lugar en la madrugada, y el dolor le llenó los ojos de lágrimas.
Sus manos no paraban de servirle comida a Kiara.
—Kiarita, come un poco más.
—Con este viaje, quién sabe cuándo volverás a disfrutar de una buena comida.
—Preparé esta sopa toda la tarde, toma un poco más.
Kiara, sentada a su lado, con expresión tranquila, se comió todo lo que Vanesa le servía.
—Gracias, mamá.
Don Regino, desde la cabecera de la mesa, mantenía un semblante sereno, aunque apretaba los cubiertos con más fuerza de lo habitual.
—Kiarita, cuando llegues a ese lugar, no te hagas la valiente.
Kiara levantó la mirada y esbozó una leve sonrisa.
—De acuerdo.
Don Regino resopló.
—Ese "de acuerdo" no me da mucha confianza.
Kiara: ...
Damián estuvo a punto de soltar una carcajada.
*Ese es el abuelo, siempre dando en el clavo.*
La cena parecía transcurrir en un ambiente acogedor.
Pero, en realidad, cada uno esperaba en secreto un desenlace distinto.
Justo a mitad de la comida, el celular de Escorpión vibró.
Ella bajó la mirada y su expresión cambió ligeramente.
Kiara levantó la vista.
—¿Qué sucede?
Escorpión hizo una pausa antes de pasarle el teléfono.
—Es la última notificación de la Ruta Cero.
Un silencio tenso se apoderó de la mesa.
Kiara tomó el celular.
En la pantalla, unas frías letras negras aparecieron ante sus ojos.
[El Pase de Pluma de Cuervo es de uso exclusivo y personal.]
[No se admiten acompañantes en este viaje.]
[No se aceptan registros de última hora ni sustituciones de identidad.]

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