El médico clandestino lo miró con expresión sombría:
—¡Entonces dinos qué hacemos!
—¿A mí me preguntas? —replicó el farmacéutico—. ¡Cómo diablos voy a saber! ¡Estas modificaciones no están hechas para que un cuerpo humano las resista!
El médico estalló en furia:
—¿No lo sabes? ¿Me vienes a decir ahora que no lo sabes? ¡Fue tu maldito inhibidor neurológico lo que detonó esta reacción de rechazo!
El farmacéutico también se puso a la defensiva:
—¿Qué quieres decir con que fue mi inhibidor? Si tú no hubieras estado jodiendo con que se lo inyectara al Espécimen 07, ¡jamás lo habría hecho!
Ambos tenían expresiones de pánico y discutían a gritos.
Pero ninguno se atrevía a ponerle una mano encima al monstruo.
—¡Piensen en algo, rápido! ¡Si sigue así, el Espécimen 07 perderá el control por completo!
El encargado, que acababa de entrar a la sala, palideció al escuchar eso.
—¡No pueden dejar que pierda el control!
Todos los presentes se giraron a verlo.
El encargado pronunció cada palabra con letal frialdad:
—El comprador ya dio un adelanto millonario. Si le pasa algo al 07, ¡ninguno de ustedes tendrá cómo pagar las consecuencias, ni siquiera con sus vidas!
Los médicos y especialistas del mercado negro tragaron saliva, más pálidos que nunca, pero nadie se atrevió a refutar.
Kiara, de pie junto al encargado, no dio un paso adelante de inmediato.
Simplemente observó a la bestia atada a la camilla.
Sí, a la Bio-quimera.
Lo que estaba sobre esa mesa era una de las Bio-quimeras desarrolladas por la Organización Ocaso Negro.
Pero...
Esta era muy diferente a las que había visto antes.
Kiara desvió la mirada hacia las pantallas de signos vitales conectadas a la máquina.
Allí se mostraban las fluctuaciones y los datos en tiempo real del cuerpo del sujeto.
Todos los indicadores estaban disparados al límite, marcando niveles críticos.

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