Por supuesto que conocían ese nombre.
Los rumores decían que era capaz de estabilizar los rechazos genéticos más severos y de reparar especímenes que hasta los mejores expertos habían dado por muertos.
Incluso se decía que podía perfeccionar compuestos químicos de alta complejidad.
Según las leyendas, La Sanadora era excéntrica, una completa mercenaria que solo se movía por el dinero y que no dudaba en traicionar a quien fuera necesario para salirse con la suya.
Pero nadie, absolutamente nadie, sabía cómo lucía.
Jamás imaginaron que... la mítica Sanadora resultara ser una joven tan bella.
Pero tras la sorpresa inicial, las dudas en los ojos de esos hombres solo se hicieron más profundas.
El doctor Torres soltó una carcajada sarcástica.
—Ah, así que es La Sanadora. Últimamente se escucha mucho tu nombre por ahí.
—Pero, ¿desde cuándo el mercado médico clandestino se basa en la fama y no en el talento real?
—¿Estabilizas un par de fórmulas mediocres allá afuera y ya te atreves a llamarte La Sanadora? Vaya, los jóvenes de hoy no conocen la vergüenza.
El médico que la había insultado antes no tardó en apoyarlo:
—El doctor Torres tiene toda la razón. Ese titulito no es más que humo de los foros de la red oscura. Suena bonito y ya. Pero cuando te enfrentas a una crisis genética de esta magnitud, los rumores no salvan vidas.
—El rechazo inmunológico no se arregla con un par de jeringuitas de colores. Si fuera tan fácil, los mejores farmacéuticos del mundo, que están justo aquí, ya lo habrían solucionado.
—¿A qué viene esta mocosa a hacerse la mística?
Claramente, ese sujeto era un lamebotas del doctor Torres.
Y los otros farmacéuticos, que por un momento se habían asustado al escuchar su alias, de pronto recuperaron la confianza.
Todos se irguieron, inflando el pecho.
Después de todo, cada uno de ellos era una eminencia en el inframundo de la medicina.
Por mucha fama que tuviera La Sanadora, no dejaba de ser una novata.
Y peor aún, una mujer joven. ¿Qué tanto podría saber?
—La fama a tan corta edad nunca trae nada bueno.
—Esto no es una de sus clínicas de mala muerte en los callejones.
—Si el 07 muere, ninguno de nosotros podrá cargar con las consecuencias.
—Si La Sanadora es tan hábil como dice, ¿por qué no empieza por decirnos cuál es la condición actual del paciente?

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