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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1567

El encargado respiró hondo.

—Se agregará un millón más a su tarifa como consultora —dijo, intentando mantener la calma—. Por favor, Excelentísima Sanadora, póngase en marcha de inmediato.

Kiara sonrió.

Se desperezó y se puso de pie.

—Así está mucho mejor —dijo, encantada.

El encargado se quedó sin palabras.

Ya se estaba acostumbrando.

Cada vez que La Sanadora se ponía difícil, no valía la pena intentar razonar, solo había que transferirle el dinero.

Kiara se levantó sin prisa y abrió la puerta.

Afuera aguardaban el encargado y dos miembros de la tripulación, quienes le ofrecieron con ambas manos su nuevo pase temporal y la tarjeta de autorización de consultora.

La tarjeta era de color plateado oscuro.

Un nivel más alto que la tarjeta negra que le habían dado inicialmente.

El personal del barco se dirigió a ella con sumo respeto.

—Excelentísima Sanadora, esta tarjeta tiene una ruta asignada. El señor Lobo la escoltará durante todo el trayecto.

Kiara enarcó una ceja.

—¿El señor Lobo? ¿Él otra vez?

El personal mantuvo la cabeza gacha, sin atreverse a decir nada.

Kiara se prendió la tarjeta de autorización en el pecho sin darle importancia, agarró su botiquín y salió de la habitación.

En el pasillo, como era de esperarse, el señor Lobo la estaba esperando.

El hombre permanecía apoyado contra la pared, su traje de combate negro irradiaba un aura fría y marcial, mientras sus ojos azul grisáceo se posaban sobre ella.

—¿Acaso el señor Lobo se ha convertido en mi guardaespaldas personal? —bromeó Kiara.

—Órdenes de la tripulación —respondió Esteban Ibarra con frialdad.

—Yo que pensé que el señor Lobo no podía soportar estar lejos de mí —rio ella.

El encargado casi se atraganta con su propia saliva.

¿Acaso la Excelentísima Sanadora estaba... coqueteando con el señor Lobo?

No, ¡imposible!

¡La vibra en el aire no tenía nada de romántica!

Esteban Ibarra no mostró ni una pizca de vergüenza ante la provocación y se limitó a decir con expresión neutra:

—Solo sigo órdenes.

Kiara se acercó a él con una risa suave, levantó el rostro y clavó su mirada en esos ojos azul grisáceo.

Una sonrisa se dibujó en sus labios.

—Pero esto demuestra que el destino nos quiere juntos, ¿no le parece?

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