—Tú… tú… —Catalina estaba tan aterrada por esa mirada que un escalofrío le recorrió la espalda. Temblaba de pies a cabeza.
Le dolía horriblemente la muñeca.
Quería soltarse.
Pero, aunque parecía que Kiara solo sostenía su muñeca con suavidad, sin hacer el menor esfuerzo, era imposible zafarse.
Al contrario, cuanto más intentaba liberarse, más sentía que los huesos de la muñeca le ardían de dolor.
¡Crack!
De inmediato, se escuchó el inconfundible sonido de un hueso al romperse.
—¡Ahhh!
Catalina soltó un alarido de agonía. Su rostro se contorsionó en un instante y se puso tan pálida que empezó a sudar frío.
¡Sentía como si sus huesos se hubieran hecho añicos!
Kiara la arrojó a un lado con la misma indiferencia con la que alguien tira la basura.
Catalina salió despedida y se estrelló contra las sillas y mesas de los concursantes, provocando un estrépito de cosas cayendo al suelo.
Terminó tirada, en una postura lamentable.
Un dolor punzante le atravesó la espalda.
Su cabeza también se había golpeado contra la esquina de una silla, y el dolor la hizo gritar una y otra vez.
Ese rostro patético y retorcido quedó completamente expuesto ante las cámaras.
Tanto en la transmisión en vivo como en la pantalla gigante del evento, su cara ocupaba toda la imagen.
—Diseñadora número 4, ¿acaso no sabe perder? —Ángela se había asustado por la reacción violenta de Catalina. Se puso de pie de inmediato y, corriendo sobre sus tacones, se dirigió hacia donde estaban las dos piedras preciosas en bruto.
—¡E-estas son obras dignas de ser exhibidas en el Centro Internacional de Joyería!
¡Por poco y esa mujer lo arruina todo!

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