Pamela se puso pálida como un fantasma, sus labios temblaban, pero no logró articular ni una sola palabra.
Miraba a Kiara con los ojos desorbitados por el asombro.
¡Kiara hablaba el idioma de Aquilinia a la perfección! Y no sonaba como alguien que memorizó unas frases antes del viaje, sino como una nativa.
¿No se suponía que era una pueblerina que había vivido toda su vida en el campo?
¿Cómo diablos una campirana podía hablar el idioma así de bien?
¡Ella... había sido engañada!
¡Kiara lo había planeado todo desde el principio para humillarla frente a sus abuelos al llegar a Aquilinia!
Por eso la había dejado actuar como una tonta todo este tiempo.
¡Solo quería aprovechar la oportunidad para pisotearla sin piedad!
Y ahora... su plan había funcionado.
¡Había quedado en ridículo!
Por su parte, Simón seguía recargado en la pared, con los brazos cruzados y la mirada fija en Kiara.
Observaba a esa sobrina suya que destilaba confianza y que acababa de trapear el piso con todos en la habitación.
Su interés por ella aumentaba por segundos.
¿De verdad era esa la pobre pueblerina sin estudios de la que hablaba Pamela?
Su nueva sobrina era mucho más fascinante y peligrosa de lo que jamás imaginó.
Al notar la mirada escrutadora de Simón, Kiara alzó una ceja y le dedicó una sonrisa genuina.
Después de todo, al incauto que le había donado mil millones de dólares involuntariamente, lo mínimo que le debía era una cara amable.
Marcos y Silvia también estaban maravillados al ver cómo Kiara, armada con puro conocimiento, dejaba sin argumentos al mejor especialista del hospital.
¡Esa actitud! ¡Esa inteligencia!

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