Así que llamó directamente a Celeste para insultar personalmente a Ulises, diciéndole hasta de lo que se iba a morir, mientras usaba ejemplos de su propia infancia para ilustrar su punto.
Marisela escuchaba a través de los auriculares cómo Celeste describía su desgraciada niñez, viviendo bajo la sombra de Ulises, siendo "maltratada" de diversas maneras.
En su mente apareció automáticamente esa cara detestable que daban ganas de abofetear. Marisela estaba convencida de que él era perfectamente capaz de hacer ese tipo de cosas.
Si así trataba a su propia hermana, ¿qué podía esperar ella?
Definitivamente, las malas mañas se forman desde la cuna.
Expresó su solidaridad con Celeste, y lo que comenzó como las quejas de una persona se convirtió en un frente unido de dos.
—Ay, Ulises siempre ha sido así. Cuando éramos niños, le arrancó las orejas a mi conejo de peluche y luego dijo que había sido mi almohada con forma de tortuga;
me encantaban los pasteles, pero tenía caries, así que comía delante de mí solo para burlarse de que yo no podía;
nunca me dio un regalo de cumpleaños que yo quisiera, en toda la etapa escolar solo me regalaba exámenes;
por fin llegué a la universidad y, ¿qué crees? Me envió por correo un "Manual del Buen Ciudadano" escrito por él mismo. No te imaginas cómo lo detestaba.
...
Marisela pensó: Pobrecita Celeste, no lo ha tenido fácil en la vida.
—Así que, Marisela, ya no te enojes. Yo lo insulto por ti —añadió Celeste.
—Es que cada vez que pienso en la cena que le preparé anoche me da un coraje... y encima lo dijo a propósito. Dicen que "el que come de tu pan, tu canción cantará", pero con él es todo lo contrario: mientras más le das, peor te trata —respondió Marisela, indignada.
—Te dije que podíamos darle sobras empacadas y que no te molestaras tanto —señaló Celeste.
—¿Cómo iba a saber yo que era tu hermano? De haberlo sabido, ni las sobras le hubiera dado —protestó Marisela mientras mordía con rabia un ala de pollo.
Siguieron charlando un rato más antes de colgar. Para entonces, Marisela ya casi no estaba enojada, pues había desahogado toda su frustración.
Después de terminar su comida, recogió su bandeja y se marchó.
Mientras regresaba a su piso, recordó de repente la única descripción que Celeste había hecho de Ulises:
La comida que su asistente había pedido acababa de llegar, y Ulises estaba disfrutándola cuando recibió un mensaje de Celeste.
Al abrirlo, no había texto, solo imágenes.
Mirando el contenido de las capturas de pantalla, notó que la foto de perfil era un paisaje. De no haber echado un vistazo al apodo, hubiera pensado que era alguna persona mayor.
¿Qué chica de su edad usaría una foto de perfil tan anticuada? Siendo de la misma generación que Celeste, ¿no debería estar en la etapa más vivaz de su vida?
Las capturas de pantalla empezaban a las diez y diez de la mañana, justo cuando él estaba en la reunión en Tec Prosperidad.
Ulises, siendo el "protagonista" de las críticas, no mostró ni pizca de vergüenza ni reflexión. Simplemente seguía comiendo mientras leía con interés.
“Vaya, tan amable en persona, pero mira cómo me critica a mis espaldas.”
Escribía con una fluidez impecable, sin pausas, como agua que corre, un torrente imparable de palabras.
Incluso había usado varios signos de exclamación y puntos suspensivos para expresar sus emociones, permitiéndole imaginar perfectamente la expresión de ella mientras escribía.

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