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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 315

Saber que una pieza de un valor incalculable había sido destruida hizo que el corazón de Eliana se partiera en mil pedazos.

Después de hablar de la tragedia, ninguno de los dos tuvo ánimos de seguir conversando; caminaron en un tenso silencio por los pasillos.

Subieron al tercer piso y el personal de logística los guio de inmediato hacia la sala de juntas.

Al entrar, vieron a la Directora Calderón sentada a la derecha de la cabecera. El lugar principal lo ocupaba un hombre de mediana edad, con un semblante adusto y un aura autoritaria que imponía respeto.

Alrededor de la mesa se encontraban otros especialistas de renombre, tanto nacionales como internacionales. Eliana reconoció incluso a varios de sus antiguos compañeros del equipo técnico, con quienes había trabajado recientemente en la excavación y restauración de textos antiguos.

El ambiente en la sala era denso y asfixiante. Nadie tenía ganas de hacer chistes ni de entablar charlas superficiales.

Eliana y Fabián tomaron asiento. Al dar un vistazo rápido, ella notó que aún quedaban unas cuatro o cinco sillas vacías.

Tras un par de minutos de espera, algunas personas más fueron llegando. Entre ellas, figuras reconocidas que solían aparecer constantemente en los noticieros y en revistas especializadas. También había un grupo de expertos internacionales, rubios y de ojos claros, conversando en inglés.

La última en cruzar la puerta fue una mujer joven.

Llevaba el cabello recogido en una cola de caballo alta, proyectando un aura sofisticada y una arrogancia intelectual que dejaba claro que no era alguien a quien se pudiera subestimar. Al verla, el hombre de la cabecera asintió en su dirección con evidente deferencia.

La mujer respondió al gesto con cortesía y, moviéndose con una gracia envidiable, tomó asiento justo al otro lado del hombre de mediana edad.

El hecho de que esta joven desconocida se sentara en un puesto paralelo al de la Directora Calderón provocó que varios arquearan las cejas en la sala, lanzándole miradas escrutadoras.

Una vez que todos estuvieron presentes, el hombre de la cabecera se aclaró la garganta para abrir la sesión.

Capítulo 315 1

Capítulo 315 2

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