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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 328

Las fotos del final del montón mostraban a Eliana cuando era pequeña. Tendría unos cinco o seis años, y aparecía en brazos de quienes debían ser sus verdaderos padres. Su piel era suave y radiante, y lucía como un angelito precioso.

Pero fue como si a Manuel le cayera un rayo encima.

La niña de la foto... ¡era idéntica a la Ei-ei de sus recuerdos!

Apretó la fotografía con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, mientras el arrepentimiento más puro y devastador lo desgarraba por dentro.

Habría podido encontrar a su pequeña Ei-ei tres años antes. ¡Se había casado con ella sin saberlo! Si tan solo lo hubiera descubierto, le habría entregado el mundo entero. ¡Tuvo la oportunidad de saberlo todo este tiempo y la desperdició!

Manuel se quedó petrificado, con la cabeza baja, en un silencio sepulcral. Elena alcanzó a ver cómo gruesas lágrimas caían con pesadez, manchando el polvo acumulado sobre las fotografías.

Discreta, la mujer se retiró en silencio, dejándolo solo para que lidiara con sus demonios.

Manuel se encerró en el estudio y no salió en toda la tarde. Como un castigo autoinfligido, revisó el montón de fotografías una y otra vez, hasta el cansancio. Con los dedos, limpiaba cuidadosamente el polvo y, con la yema del pulgar, acariciaba el pequeño rostro de Eliana en el papel.

Después de un largo rato, cerró los ojos lentamente y posó sus labios sobre la foto, dejando escapar un suspiro roto.

Pero mientras Manuel tenía que conformarse con besar un pedazo de papel para calmar su desesperación, César de Soto podía ver a la dueña de sus pensamientos en carne y hueso.

César había cambiado de auto y ahora esperaba estacionado cerca de la entrada del departamento de arte.

Como el sedán ejecutivo Bentley en el que solía viajar era demasiado llamativa, optó por un modelo mucho más discreto para no levantar sospechas. Seguía siendo un Bentley, por supuesto, pero al menos no gritaba opulencia a los cuatro vientos.

A pesar de ser el todopoderoso patriarca de la familia de Soto, alguien cuya agenda estaba calculada al minuto, la rutina de esperar a que ella saliera de trabajar le resultaba de lo más familiar. A fin de cuentas, desde que eran niños, era él quien casi siempre pasaba a recoger a Eliana a la escuela.

Sin embargo, hoy se estaba tardando mucho más de lo normal.

Capítulo 328 1

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