—¿Ya te estás preocupando por mí? —bromeó César con una sonrisa de medio lado, mirándola con diversión. Pero antes de que ella tuviera la oportunidad de lanzar una excusa, su rostro volvió a adoptar la seriedad habitual—. Mañana solo es una cena de presentación. No te aseguro que lleguen a nada.
Si algo tenía César, era un ojo clínico para leer a la gente. Jamás se había detenido a analizar a Regina Guerrero, le tenía sin cuidado si era buena o mala.
Pero desde que sus caminos se habían cruzado gracias a Eliana, sí le había prestado algo de atención a la joven. En el fondo de los ojos de Regina solo se veía el veneno de la codicia y la ambición desmedida; lo más seguro es que la sola idea de terminar emparejada con Simón, no fuera suficiente para apagar su sed de grandeza.
Tal vez, al final del día, ella misma perdería los estribos y terminaría arruinando el acuerdo con sus propias manos. Y cuando eso pasara, Don Octavio no tendría forma de echarle la culpa a él.
—Bueno, dejemos de hablar de otros hombres —cortó César bruscamente—. Pasado mañana vas a pedir permiso para salir al mediodía del trabajo.
—¿Para qué?
—Te voy a llevar a tu cita con el doctor para tu control de embarazo.
Eliana se quedó de piedra. Pensaba ir sola durante el fin de semana al hospital, y aprovechar para consultar con el doctor sobre las precauciones que debía tomar. Hacer las cosas sola y a su propio ritmo se había vuelto una de sus costumbres más arraigadas.
Sin embargo, el hecho de que alguien más estuviera pendiente de ella y se adelantara a planear sus días... no se sentía nada mal.
—Mhm. —Asintió en silencio.
Una vez que terminaron de cenar, César se inclinó ligeramente hacia adelante y tanteó el terreno: —¿Por qué no vienes a quedarte conmigo a la finca? Siento que en la familia Guerrero no hay nadie que esté verdaderamente pendiente de ti. Ahora mismo, necesitas cuidados especializados y alguien que se encargue de prepararte tus alimentos.
Confió en que, si usaba al bebé como excusa, ella no se atrevería a negarse.
—No quiero. —Para sorpresa de César, el rechazo de Eliana fue tajante y rápido.
—¿Y se puede saber por qué? —La mirada del hombre se volvió sombría—. ¿Es que te sientes más a gusto viviendo con los Guerrero?


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