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La esposa de mi enemigo, el amante mafioso de mi hermana romance MI SUEÑO ROBADO

Capítulo 1

Camila Sáenz se miró una última vez en el espejo, alisando con suavidad las telas rojas de aquel vestido que una vez perteneció a su madre. No era nuevo, ni de diseñador, pero tenía algo que ninguna otra prenda podía ofrecerle: sentir que su madre estaba cerca.

Respiró hondo, obligándose a sonreír mientras se miraba en el espejo, aparentaba seguridad, pero desde hace mucho era solo eso una fachada.

Esa noche cumplía veintidós. Y aunque su padre, uno de los precandidatos más sonados para la alcaldía, había organizado una fiesta tan lujosa que parecía un evento político más que un cumpleaños, lo único que ella esperaba… era a Santiago.

Santiago Belmonte. Su mejor amigo desde que tiene memoria. Su crush secreto desde hace años. El chico que, esa misma tarde, había soltado una frase que no dejaba de repetirse en su cabeza:

—Hoy, en tu fiesta, voy a tomar la decisión más importante de mi vida. Y tú vas a ser parte de ella.

La ilusión llego a su corazón, pero no quería hacerse ideas, después lo vio en una joyería, ssteniendo lo que parecía un anillo. Y eso fue suficiente para que su mente se llenará de ideas, quizás hoy el le pediría ser su esposa.

La puerta del cuarto se abrió de golpe.

—Ese vestido te queda horrible —soltó Adriana, su media hermana, con esa sonrisa venenosa que ya le conocía. La examinó de pies a cabeza con una mirada soberbia —. De nuevo te voy a opacar.

Camila tragó saliva. Había escuchado ese tipo de comentarios tantas veces que ya deberían resbalarle, pero dolían igual.

—Es importante para mí. Era de mi madre —respondió, fingiendo tranquilidad aunque su voz pudo decir esa frase.

—Ah... claro —rio Adriana, acercandose con burla—. El mal gusto es hereditario.

Y se fue, como siempre, dejando inseguridades en la cabeza de su hermana.

Camila respiró hondo. Retocó el brillo en sus labios y la pestañina en sus ojos. Esta noche no iba a dejar que la arrastraran al fondo. No hoy.

Bajó las escaleras con las piernas temblando, La música, las luces, au hermana la protagonista de todo, y ella apenas tenía un papel secundario. Su padre, rodeado de empresarios, ni siquiera la miró al principio. Luego le estampó un beso frío en la mejilla y le pidió que se encargara de la cocina.

La festejada, Organizando el catering.

Sonrió por educación, aunque por dentro algo se le rompiera un poco más.

Y entonces lo vio.

Santiago cruzó el salón vestido con un traje negro impecable, el cabello ligeramente despeinado, y esa sonrisa que siempre la hacía olvidar lo demás.

—Feliz cumpleaños, Cami —Le dio un beso suave en la mejilla, quedándose un segundo más de lo normal—. En unos minutos te doy tu regalo. Te prometo que es especial.

Su pecho se apretó, quería saltar de alegría, quizás la felicidad por fin le tocaba.

La cocina parecía el único lugar donde respirar, pero ni eso consiguió. Amelia, su madrastra, la detuvo antes de entrar.

—Es tu fiesta. No tienes que complacerlos. Aunque tu padre y tu hermana quieran robársela, hoy se trata de ti.

Camila asintió con una sonrisa pequeña. Amelia su madrastra fue buena desde que llegó a casa, n era cruel, al contrario, siempre fue amable. Pero su sola existencia le recordaba el sufrimiento de su madre.

Horas después, el discurso de su padre cortó la música.

—La familia es lo más importante. Es la base de la sociedad. Y como su futuro alcalde, les prometo que acabaré con criminales como Luciano Ferrer. Ese malnacido aún no ha pagado, pero lo hará...

Camila contuvo la respiración. El nombre resonó en el ambiente como una amenaza directa. Todos temían a Luciano, el heredero maldito de la mafia Ferrer. Pero ella, más que miedo, sentía una ansiedad creciente por lo que eso podía significar para la seguridad de su padre.

—Papá... por favor, hoy no —susurró, tocándole el brazo.

Él rodó los ojos, molesto, pero accedió a terminar.

—Mi hija Camila, mi hija mayor, hoy cumple veintidós años. Felicidades.

Eso fue todo. Un brindis seco, sin emoción. Nada parecido al discurso larguísimo y perfecto que dio en la fiesta de Adriana. Camila levantó la copa, intentando no dejar que el vacío en su pecho la consumiera.

Pero entonces, sintió una mano rozarle la espalda, Santiago, el se acercó y pidió la palabra.

—Hoy es un día especial para nuestra familia. Como heredero de los Belmonte, considero a los Sáenz parte de mi vida... y hoy, más que nunca, lo serán.

Camila se quedó inmóvil.

Los latidos retumbaban en sus oídos, cada uno más fuerte que el anterior. Santiago metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una pequeña caja de terciopelo, era todo lo que había soñado en silencio.

Pero entonces, el mundo se detuvo.

Santiago no la miró a ella. Dio un paso hacia un costado y se arrodilló frente a Adriana.

—¿Quieres casarte conmigo?

El aire se le escapó del cuerpo.

—¡Siii! —gritó Adriana —. ¡Claro que sí!

Y mientras lo decía, giró la cabeza con una sonrisa burlona, Justo hacia Camila.

Los aplausos no eran para ella. Las miradas, tampoco. Todo lo que pensó que viviría esa noche era un espectáculo ajeno, su hermana de nuevo le había quitado lo que quería.

MI SUEÑO ROBADO 1

MI SUEÑO ROBADO 2

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