Excepto por Selena y Caro.
En cuanto Patricia se sentó, insistió:
—Lo golpeó tan feo que ahora tiene que pedirle perdón de rodillas.
El director Lemus intervino:
—Disculparse es imposible, pero podemos pagar.
Sebastián dijo:
—¿Quién necesita su pinche dinero?
Simón replicó:
—Ni siquiera queremos dárselo, ¿verdad, Diego?
Diego estaba desparramado en la silla como si no tuviera huesos, y su voz sonaba igual de floja.
—Si quieren darme dinero, está bien. Pero si esperan que yo pague... olvídense, no hay trato.
Orlando perdió la paciencia:
—Entonces, ¿para qué tanto rollo? ¡Que ese tal Solano se disculpe y ya!
Diego miró a Ariel con una sonrisa.
—Y usted qué opina, profesor Solano?
Karina no sabía hasta dónde llegaría Diego por ella y Ariel.
Pero si la solución para terminar esa farsa era que Ariel se arrodillara y pidiera perdón, de ninguna manera lo permitiría.
El problema había empezado por ella; si alguien tenía que humillarse, sería ella.
Karina contenía su frustración.
Estaba a punto de decir «imposible», cuando Ariel reaccionó.
Él esbozó una leve sonrisa y, con toda calma, levantó el vaso de la bebida que tenía enfrente.
Levantó la vista y le preguntó a Diego:
—¿Quieres un trago?
La expresión de Diego se volvió seria de repente, e incluso su postura se enderezó.
Con voz firme, dijo:
—La directora Karina y el profesor Solano forman parte del Consorcio Panamericano. No crean que pueden venir a intimidarlos así como si nada.
—Si siguen con esto, investigaré a fondo.
Al pasar junto a Fabio, su mirada se detuvo en él y en Selena.
—El director Torres ya tiene a alguien, ¿no? Divórciate de nuestra directora Karina de una buena vez, para que le des su lugar a la otra chava.
Los ojos de Selena brillaron, esperando que Fabio aceptara.
Pero fue Patricia quien respondió.
—¡Pues no se va a divorciar! ¡No y punto! Que ni sueñe con casarse con su amante.
Patricia tenía una voz muy fuerte.
Karina escuchó el alboroto y volteó a verlos.
Con frialdad, dijo:
—Es solo un papel, ¿de verdad creen que me importa? Aférrense a él, quédenselo y admírenlo todo lo que quieran.
Salir ilesa de la comisaría se sentía como volver a nacer.
No desperdiciaría esta oportunidad.
Fabio, Sebastián, Selena, Caro…
Gracias por reavivar mi espíritu de lucha…

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