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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 119

Estuvo de acuerdo con lo que dijo Belén: Selena era una zorra manipuladora. Se le había acercado con falsas buenas intenciones, lo había utilizado para obligar a Karina a bañarse en casa de Ariel y luego tomar esas fotos... Se preguntó qué habría hecho con esas imágenes.

***

Residencial Las Ceibas.

Karina, Ariel y Melisa cenaban en un restaurante de buffet.

—¿Cuándo tendrás dos días libres para llevarte a ese lugar donde puedes encontrar la felicidad en veinte minutos? —preguntó Ariel.

—¿Lo dices en serio? —se sorprendió Karina.

En la comisaría, pensó que Ariel lo había dicho solo para consolarla.

—Creo que tendrá que ser dentro de un tiempo. A partir de mañana, quiero vivir en la empresa.

—¿Vivir en la empresa?

El tono de Ariel se elevó, denotando una clara sorpresa.

—Sí, quiero concentrarme en el trabajo —respondió Karina.

Sospechaba que Fabio también se imaginaba que ella se enfocaría en su trabajo. Porque, aparte del trabajo, no podía competir con él ni en influencias ni en conexiones. No iba a dejar que Fabio se enterara de que había abandonado los chips de imagen para dedicarse a la inteligencia artificial.

—Entonces, ¿volverás a vivir aquí? —preguntó Ariel con tristeza.

—Sí, pero no sé en cuánto tiempo —respondió Karina.

Ariel la miró fijamente. «Va a empezar a afilar sus garras», pensó. Si no hubiera sido porque Fabio la había acosado abusando de su poder, este día habría llegado en el momento en que firmó el acuerdo de divorcio.

Pasaron tres días sin noticias ni movimientos de Karina. Los rumores falsos sobre ella y Ariel desaparecieron de repente, sin dejar rastro. Incluso los temas de discusión sobre Karina se desvanecieron.

Durante una videollamada, Melisa le contó a Karina que muchos compañeros de la escuela se habían dado de baja.

—¿Y eso por qué? —preguntó Karina, siguiendo la corriente.

—Porque sus familias se fueron a la quiebra y ya no tienen dinero —explicó Melisa.

Karina expresó algo de compasión. Y de repente, le cayó el veinte. Recordó las palabras de Ariel: «A quienes me desean el bien, el cielo los protege. Y a quienes me desean el mal, el cielo los destruye». Si las familias de los niños que se dieron de baja eran las mismas que habían mostrado mala fe hacia Ariel, entonces realmente había que preguntarse si no lo acompañaba algún tipo de deidad.

Fabio estaba pendiente de cualquier noticia sobre Karina. Sabía que no se había equivocado. De vuelta en el mundo de los chips, Karina estaba en su elemento. Si se concentraba por completo, no tardaría en encontrar una nueva idea innovadora. Esa era la razón por la que había intentado destruirla antes con la acusación de robo de secretos comerciales. Por un lado, para que ella se diera por vencida y volviera a su lado. Por otro, para que no se convirtiera en su rival.

Pero ahora, Karina había encontrado un buen árbol al que arrimarse. Él no tenía control sobre el Consorcio Panamericano. De lo contrario, en Ciudad Centauro, incluso una heroína como Karina no tendría dónde demostrar su valía.

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