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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 143

Cuando Karina despertó, lo primero que hizo fue abrir los ojos y observar durante tres segundos la habitación desconocida, decorada en tonos grises y blancos.

En esos tres segundos, recordó tres cosas importantes.

Se había vuelto a pasar con la bebida. El alcohol era un veneno.

Estaba en la habitación de Ariel, lo que le dio una ligera sensación de seguridad.

Estaba divorciada, así que no tenía por qué temer a los rumores.

Karina suspiró aliviada.

Se sentó y buscó su celular por todas partes.

No sabía en qué momento lo había puesto en silencio. Tenía más de veinte llamadas perdidas.

Todas del teléfono fijo de la Hacienda de las Rosas.

También había un mensaje confirmando un depósito de quinientos millones.

¿Así que las llamadas eran de Fabio?

Como había bloqueado su número, había usado el teléfono de la hacienda.

¿Quería decirle que ya había transferido el dinero?

No era necesario, no es como si fuera a darle las gracias...

Karina ignoró las llamadas perdidas y les envió un mensaje a los trabajadores de la empacadora.

Les preguntó si habían recibido la notificación para volver al trabajo.

Todos respondieron que ya estaban de camino a la fábrica.

Normalmente, cuando alguien que ha hecho mucho daño hace una sola cosa bien, es fácil perdonarlo.

Pero a Karina, la familia Torres la había llamado «corazón de piedra», así que no sintió ninguna empatía por el hecho de que Fabio hubiera permitido que los trabajadores volvieran a sus puestos...

Karina se levantó y arregló la cama.

De reojo, vio una foto de Melisa de pequeña.

Tendría unos siete u ocho meses.

Estaba sentada en su carriola, tan delgada que apenas tenía carne en los huesos, y su barbilla era tan afilada que parecía que podía cortar.

En ese entonces, los ojos de Melisa todavía no tenían doble párpado, eran almendrados, largos pero no pequeños.

Las comisuras exteriores estaban ligeramente levantadas por encima de las interiores, y cuando sonreía, se curvaban como una luna creciente. Una forma muy bonita.

Por alguna razón, Karina recordó una foto de Fabio de un año que había visto en casa de Patricia.

Sus ojos tenían más o menos la misma forma que los de Melisa.

En ese momento, incluso pensó que si alguna vez tenían un hijo, sería maravilloso que heredara esa forma de ojos tan clásica y elegante.

Lástima que Caro tuviera los ojos redondos y grandes, probablemente herencia de Patricia...

Karina pasó el dedo por la foto de Melisa y la volvió a colocar en su sitio.

Salió del dormitorio y no vio a Ariel.

Le pareció de mala educación irse sin decir nada.

Así que llamó al aire un par de veces: —¿Profesor Solano? ¿Profesor Solano?

Si nadie respondía, se iría a su casa a ducharse y arreglarse. Podría darle las gracias la próxima vez que se vieran.

Claro que si Ariel quería un regalo de agradecimiento, podía pedir lo que quisiera.

¡¡Ahora tenía quinientos millones!!

Karina vio su bolso colgado en la entrada.

Justo cuando iba a dirigirse hacia allí, Ariel salió de la habitación de invitados.

Llevaba un pijama gris claro, no usaba gafas, y tenía los ojos entrecerrados por el sueño, lo que le daba un aire de pereza casual.

Así que anoche ella había dormido en su habitación, ¿y él en la de invitados?

Realmente no era necesario.

Al fin y al cabo, una cama es una cama.

Pero Karina no podía decir eso en voz alta, parecería que se estaba aprovechando de la situación.

—¿Te desperté? —dijo—. Vuelve a dormir un rato.

Ariel, en realidad, acababa de acostarse.

Anoche, mientras observaba a Karina, la gente de seguridad del edificio le avisó que Fabio había llegado y quería verla.

—Entonces, cada quien se arregla, desayunamos juntos y luego te llevo al trabajo.

—No...

Karina estaba a punto de decir que no era necesario.

Pero Ariel la interrumpió con un: —Esa es mi segunda petición.

***

Después de que Caro le contara lo de la foto, Fabio se quedó atónito por un buen rato.

Selena estaba en Puerto Velero y enferma, así que no la confrontó.

En su lugar, le preguntó a los empleados de la casa si alguien tenía el contacto del plomero.

Como compañeros de trabajo, varios de ellos tenían guardado su número.

El plomero, que en realidad no quería el dinero, confesó la verdad.

Dijo que Selena se le había acercado primero, explicándole que en los pisos 4 y 5 del edificio 3 vivían su hermano y su cuñada, que estaban en proceso de divorcio. Ella quería que se reconciliaran, así que le pidió que cortara el agua y la luz del piso 4 en un momento determinado.

No fue hasta que el administrador del edificio lo atrapó que se enteró de que en el piso 4 vivía una tal Karina, y en el 5 un tal Ariel, que no eran pareja. Además, cuando Karina fue a pedir prestado el baño a casa de Ariel, él ni siquiera estaba allí...

De repente, la historia dio un giro inesperado e involucró a Selena. Fabio no quería creerlo.

¿Cómo podría Seli hacer algo así?

Desde pequeña, nunca había sabido mentir. Era sincera y buena. Incluso si los empleados de la casa la trataban mal, ella los defendía...

Después de un buen rato, Fabio finalmente aceptó la realidad.

Selena lo había engañado.

Cuando recibió las fotos, Selena no estaba con él.

Y fue precisamente por esas fotos que, en un arrebato de ira, le dijo a Caro que llamara mamá a Selena.

Luego, los acompañó a un evento familiar.

Y en la escuela, la abrazó por la cintura para fastidiar a Karina.

Y después, aunque perdieron la competencia, se besaron en público...

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