Después de despedir a la maestra y a los niños, Karina fue al consultorio del doctor Báez para preguntar por la recuperación de Caro.
—Usted no es su tutora legal, ¿por qué habría de informarle? —respondió el doctor Báez, mirándola con desdén.
A Karina le tronaron los nudillos al apretar los puños.
En realidad, no le gustaba comportarse como una arpía, siempre a la defensiva y buscando pelea.
Pero siempre había gente despreciable con ganas de desafiarla.
Karina agarró al doctor Báez por el cuello de la bata y, con una actitud intimidante, le preguntó:
—¿La fractura de Carolina ya está fuera de peligro?
El doctor Báez sintió la fuerza de Karina.
Matarlo sería tan fácil como aplastar una hormiga. Inmediatamente, se acobardó.
—Sí, sí, ya pasó el peligro.
Karina regresó a la habitación de Caro.
Belén le dijo que Patricia se había ido a casa a ducharse y cambiarse de ropa.
Karina asintió y, al mirar a su alrededor, notó que Selena tampoco estaba.
—Recibió una llamada y se fue a escondidas, quién sabe a dónde… —comentó Belén.
Karina frunció ligeramente el ceño, una sombra de duda cruzó su mente…
Se dirigió a Caro, que estaba en la cama, y le dijo:
—Ya estás fuera de peligro. No volveré a visitarte.
—Mamá.
La voz infantil sonó, teñida de urgencia.
—¿Otra vez no me quieres?
El corazón de Karina volvió a doler, a hundirse.
Los ojos de Caro se llenaron de lágrimas, como una muñeca a punto de romperse.
Karina quiso transferirle una suma de dinero a Belén para agradecerle su ayuda.
Pero Belén se negó rotundamente.
—Karina, todavía estoy en deuda con usted… El primer año que trabajé para la familia Torres, usted me ayudó a pagar la quimioterapia y la cirugía de mi padre…
—Y no soy la única que le está agradecida. Todos los empleados y guardaespaldas de la Hacienda de las Rosas que recibieron su ayuda recuerdan su bondad.
Karina esbozó una leve sonrisa y guardó su celular.
—Si necesita algo de mí, no dude en pedírmelo.
Belén asintió y regresó a la habitación.
Karina empezó a caminar, pero no tenía prisa por irse del hospital.
Recorrió el área de descanso, los pasillos, la zona de fumadores y los baños, pero no encontró a Selena.
Al salir del edificio de hospitalización, se cubrió la frente con la mano para protegerse del sol abrasador y miró a su alrededor.

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