El tiempo pasó, segundo a segundo.
Llegó el séptimo día y Selena fue “liberada”.
Fabio mandó a alguien a recogerla y llevarla de vuelta a la Hacienda de las Rosas.
Había adelgazado muchísimo, se le marcaban los huesos y la ropa le quedaba holgada.
Un atisbo de compasión cruzó la mirada de Fabio.
Selena se mordió el labio inferior y, sin decir palabra, las lágrimas comenzaron a brotar mientras miraba a Fabio.
Levantó los brazos para abrazarlo, pero en ese momento Belén apareció empujando la silla de ruedas de Caro.
Caro había adivinado que su tía intentaría abrazar a su papá, así que le pidió a Belén que la llevara para impedirlo.
—¡Tía! —exclamó Caro, con voz rápida y urgente.
El grito sobresaltó a Selena, que retiró los brazos al instante.
Aún recordaba que sus compañeros le habían dicho que su papá no podía abrazar a nadie más que a su mamá…
—Mi niña, ¿tu pie está mejor? Te extrañé muchísimo —dijo Selena, agachándose para abrazar a Caro.
Belén echó la silla de ruedas hacia atrás.
Selena se fue de bruces y cayó al suelo.
—Parece que a la señorita Selena se le aflojaron las piernas de tanto estar arrodillada. Menos mal que aparté a la niña, si no, le habría caído encima.
Las palabras de Belén eran afiladas.
La verdad era que ya no quería seguir trabajando allí. Le había presentado su renuncia a Fabio, pero él no la aceptó.
Así que decidió que no iba a soportar más a esa mosquita muerta de Selena. Total, con el dinero que había ahorrado en estos años, tenía suficiente para su retiro.
—Tú… ¿qué actitud es esa?
Selena seguía tirada en el suelo.
—Ya dejen de buscar problemas —dijo Fabio, irritado—. Belén, lleva a Caro a su cuarto.
Fabio no ayudó a Selena a levantarse. Ella se incorporó por sí misma y lo siguió hasta el salón principal.
—Te cuento que estoy saliendo con alguien. Tenía el corazón roto por su ex, pero esta reina se lo curó en un dos por tres. Ahora se sonroja cada vez que me ve…
—¿Acaso no tienes espejos en tu casa? Deberías mirarte de vez en cuando.
Madre e hija nunca lograban entenderse.
Ximena le colgó sin más.
Selena maldijo, frustrada, y volvió a abrir la puerta para comprobar que nadie estuviera espiando.
Asomó la cabeza y miró a ambos lados.
En ese instante, escuchó a Fabio gritar de repente:
—¡No pueden hacer eso!
Luego, la voz de Patricia:
—¿Por qué reaccionas así? ¿De verdad te enamoraste de ella?
—Te lo digo, Fabio, antes sí quería que te casaras con ella, porque era más dócil y obediente que Karina. Pero ahora veo que es peor. Al menos Karina nunca le hizo perder dinero a Andes Chip. En cambio, ella casi nos lleva a la quiebra. No puedes casarte con esa mujer, es un ave de mal agüero.

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