—Quédate a cenar.
Hace un momento Ariel no quería que su madre descubriera a Karina para evitarle la vergüenza.
Pero ahora que ya se habían visto, si hablaban, la incomodidad pasaría.
Karina volteó a ver a Ariel, iba a decirle «¿no te da pena?», pero vio que Ariel tenía las orejas y el cuello rojos, así que no dijo nada.
Melisa vio a Karina, sus ojos brillaron y corrió a abrazarle las piernas.
—Mamá, quédate a cenar, hace mucho que no comemos juntos.
Paulina sonrió y habló de manera amable y directa:
—Mira, ¿a poco te vas a ir así? Quédate a cenar con nosotros... Aprovechando que trajiste cangrejos, que Ariel prepare unos cangrejos a la plancha con cebollín; si los pruebas una vez, te aseguro que querrás repetir.
Melisa sacudía la pierna de Karina: —Mamá, quédate.
Ariel sacudía la bolsa de Karina.
No dijo nada, y a la vez parecía que lo decía todo...
Los tres le insistían, y hasta usaban comida para retenerla; si se negaba otra vez, se vería malagradecida.
Karina: —Entonces acepto con gusto.
...
Ariel llevó las dos cajas de cangrejos a la cocina, se puso el mandil y se lavó las manos.
Karina cargó a Melisa y se quedó platicando con Paulina en la sala.
Paulina, como la mayoría de las señoras, le preguntó a Karina sobre su trabajo, si tenía amigos en Ciudad Centauro y cosas así.
Karina respondió a todo.
De repente Ariel la llamó: —Karina, ven un momento.
Melisa, muy perceptiva, se bajó de las piernas de Karina y se sentó en las de Paulina.
Karina entró a la cocina: — ¿Qué pasa?
Al verla ayudarle a subir las mangas con tanta paciencia, no pudo reprimir una sonrisa.
Algo debía gustarle él, ¿no?
Walter, invencible en el amor, decía que el cuerpo de una mujer es lo más honesto.
Si ella permitía el contacto íntimo, significaba que en el fondo tenía expectativas...
Una vez subidas las mangas, Karina ayudó a Ariel a quitarse el reloj.
Los dos relojes de pareja quedaron juntos por accidente.
Ariel, sin saber que Florencia le había devuelto el reloj a ella, había dejado de usar el suyo.
Pero después de que ella se lo puso, Ariel también empezó a usarlo todos los días.
¿Era coincidencia? ¿O... a Ariel realmente le gustaba?

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