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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 95

Patricia se levantó de la cama de un salto y, sin decirle nada a Boris, se dirigió como una furia hacia la Hacienda de las Rosas.

En su momento, no pudo evitar que su hijo se casara con Karina.

Ahora que por fin se iban a divorciar, aparecía esta mujerzuela.

Iban de mal en peor.

Patricia entró al salón con aire amenazador.

Eran las seis de la mañana y los empleados ya habían comenzado a trabajar.

Al verla llegar, todos dejaron lo que estaban haciendo para saludarla.

Patricia los ignoró y le preguntó a Belén:

—¿Dónde están?

—Todavía duermen —respondió Belén.

¿Duermen?

Esas palabras casi le provocan otra hemorragia cerebral a Patricia.

Le arrojó su bolso a Belén y subió con dos empleadas.

La puerta del dormitorio no estaba cerrada con seguro, así que una de las empleadas la abrió sin problemas.

Patricia entró directamente.

Con la luz que entraba por la puerta, vio el brazo de Fabio al descubierto.

Acunada bajo su axila dormía una mujer. Su cabello le cubría la cara, pero en sus labios se dibujaba una sonrisa de suficiencia.

Patricia rechinó los dientes de rabia, agarró a la mujer por el cabello y le dio una bofetada.

—¡Pequeña zorra! ¿Te atreves a seducir a mi hijo? ¡Mira cómo te desfiguro la cara…!

Le soltó otra bofetada.

La mujer soltó un grito tembloroso y entrecortado.

—¡Ah, Fabio, Fabio, sálvame…!

Al oír la voz, Patricia se detuvo.

Encendió la luz y se quedó de piedra.

—¿S-Seli? ¿Eres tú?

Las empleadas que observaban desde la puerta no mostraron ninguna sorpresa.

Esos dos llevaban tres meses de coqueteos.

Últimamente se besuqueaban a la menor provocación. Una vez, en el jardín, casi lo hacen en el carro.

Era completamente normal que durmieran juntos. Tal para cual…

Selena levantó la vista hacia Fabio, con los ojos llorosos y cubriéndose el rostro.

En su cuello y pecho se veían claramente las marcas rojas de la pasión.

El corazón de Fabio dio un vuelco.

Un mal presentimiento lo inundó como una marea, asfixiándolo.

Se sentó y notó que sus piernas y las de Selena todavía estaban entrelazadas. Su rostro palideció al instante.

—Mamá, por favor, sal un momento.

—¡Oh, claro!

Patricia asintió dos veces y salió. Su mente todavía no procesaba lo que acababa de pasar.

Justo en ese momento, Belén salía de la habitación de Caro.

La miró con desdén.

—Baja.

Belén la siguió obedientemente.

Al llegar al vestíbulo de la planta baja, Patricia comenzó a regañarla:

—¿Ya no ves bien o qué? No te fijaste y me hiciste darle dos bofetadas a Seli sin motivo.

Belén fingió sorpresa.

—Señora, ¿dice que la mujer en la cama es la señorita Selena? ¡Por Dios! ¿No son como hermanos ella y el director Torres? Si esto se supiera…

—¿Y qué si se sabe? No son hermanos de sangre, no hay parentesco. Mi hijo se acuesta con quien quiere, ¿a quién le importa?

Sin querer, vio una mancha roja en la sábana y su espalda se puso rígida por un instante.

Selena recogió la camisa del suelo y fue al baño.

Fabio reconoció la camisa; la había comprado en un viaje de negocios.

Compró dos en ese momento: una para Karina y otra que le envió a Seli, que estaba en el extranjero.

A Karina le encantaba la tela de esa camisa, y no quiso tirarla ni cuando se desgastó por los lavados.

Un día, durante una videollamada, vio que Selena llevaba la misma camisa y tiró la suya…

Antes de que Fabio pudiera llamar a Orlando, su teléfono sonó. Era él.

—Fabio, si vas a culpar a alguien por lo de anoche, cúlpame a mí, no a Seli.

»Fui yo quien le dijo que te pagara tu amabilidad con su cuerpo. Al principio no quiso, dijo que aunque le gustabas, no podía aprovecharse de la situación.

»También fui yo quien le pidió que te llevara el agua con miel.

»Es una chica pura e inocente, Fabio. No la hagas sufrir después de lo que pasó…

Inconscientemente, Fabio miró la mancha de sangre en la sábana.

Sí, una chica muy pura e inocente.

—Por cierto, Fabio. Anoche Karina también se fue con un hombre. Ese tal Ariel… Se fueron a un hotel del restaurante, reservaron una suite de estilo europeo, pidieron servicio a la habitación en medio de la noche y todavía no han salido.

El cigarro en la mano de Fabio cayó sobre la sábana sin previo aviso.

En un instante, quemó un agujero irreparable.

Cuando Selena salió del baño, vio que Fabio ya se había puesto un pantalón de vestir y una camisa, y bajaba las escaleras a toda prisa.

Patricia lo vio bajar y estaba a punto de hablar sobre el divorcio, pero Fabio ni siquiera la vio y salió directamente.

Le gritó:

—¡Fabio! ¿A dónde vas? ¡Detente!

Fabio la oyó, pero no le hizo caso.

El Bentley salió de la Hacienda de las Rosas rugiendo, como una bestia enfurecida.

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