Al escuchar esas palabras, que sonaban más a despedida que a otra cosa, a Joseph se le revolvió el estómago.
Sebastián había pasado por tormentas y peligros sin fin, y aun en los peores momentos jamás había dicho algo así.
Ni siquiera cuando la muerte lo acechaba, se le había ocurrido dejar un testamento.
Porque, en el fondo, en este mundo no tenía ningún lazo que lo atara.
Si moría, dejaría atrás una herencia tan jugosa que los demás se pelearían por ella hasta el cansancio, y eso era justo el tipo de diversión retorcida que a Sebastián le gustaba.
Pero ahora, había redactado un testamento.
A Joseph se le hizo un nudo en la garganta.
—Señor Fonseca, la fortuna de la familia Fonseca es demasiado grande y tentadora; solo con la señorita Ibáñez, tal vez no sea suficiente para resguardarla. Incluso podría atraerle desgracias...
Lo que Joseph quería era persuadir a Sebastián de seguir vivo, de no dejar sola a Sabrina.
Sin embargo, Sebastián replicó:
—Quizá antes ella no habría podido, pero ahora está al nivel de cualquiera. Si de veras me pasa algo, tú y Ricardo tendrán que cuidarla y apoyarla.
Joseph insistió:
—Si no fuera por las mañas de Jorge, Sabrina nunca habría estado en peligro tantas veces. ¿Por qué no lo desenmascara de una vez? Aunque la señorita Ibáñez no le crea, al menos estaría prevenida.
¿Por qué?
Hasta la fecha, Sebastián no podía estar seguro de a quién prefería Sabrina en su corazón, si a Jorge o a él.
Si llegaba a morir, la carta que le había dejado a ella se enviaría automáticamente.
Sebastián prefirió no seguir con el tema y cambió de tono:
—Anda, prepáralo todo. No le des tiempo a Fontaine para reaccionar.
Joseph se dio cuenta de que Sebastián no iba a cambiar de opinión y, resignado, aceptó.
Justo cuando iba a colgar la llamada, Sebastián volvió a detenerlo.
—Por cierto, por ahora no le digas nada de esto a Sabrina.
—Entendido —respondió Joseph.
...
Sabrina se encontraba en su habitación, repasando los eventos recientes de la familia Fontaine. La incertidumbre la mantenía pensativa.
—Saber lo que mueve a Fontaine es clave para dar el siguiente paso.
Sin embargo, viendo la situación de Fontaine, estaba claro que quien fuera a enfrentarlo tendría un alto riesgo de salir lastimado, o incluso de perder la vida.
Lo que sí era seguro, era que Sebastián no debía presentarse.
Si Sebastián iba, tal vez... no regresaría.
Ni Sabrina ni André podían esperar que un secuestrador tuviera compasión y dejara libre a Thiago.
Tras unos segundos de silencio, André habló:
—Déjame ir a negociar con Fontaine. Yo no estoy involucrado en todo esto, tal vez si me ve, no se altere tanto.
Sabrina sabía que André solo trataba de tranquilizarla.
Pero alguien tan acorralado como Fontaine, representaba peligro para cualquiera.
Sabrina negó con la cabeza.
—Fontaine no es tan fácil de engañar. Si los involucrados no se presentan, y él percibe que no hay chance de vengarse, puede perder el control. Además, aquí necesitamos que sigas coordinando y liderando el rescate. Mejor quédate.
...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...