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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1368

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Sebastián, queriendo saber qué tramaba Ulises, no rechazó la invitación.

Como el carro de Ulises estaba averiado, él y Eva subieron al de Sebastián y Sabrina para ir al restaurante.

Sabrina, sentada en el asiento del copiloto, los miró de reojo por el retrovisor.

Ir a un restaurante con sus archienemigos era una situación tan absurda y extraña que no sabía ni qué pensar.

Eva y Ulises no eran de mucho hablar, así que durante el trayecto apenas intercambiaron unas pocas palabras.

Con ellos en el carro, Sabrina se sentía incómoda y tampoco abrió la boca.

El restaurante, Jardines del Aire, lo sugirió Eva. Era un lugar tranquilo y elegante, con vistas a toda la ciudad.

Ya que iban a comer con Ulises y Eva, el menú era lo de menos.

A Sabrina y a Sebastián les pareció bien, así que se dirigieron hacia allí.

A mitad de camino, empezó a llover a cántaros.

La carretera que llevaba a Jardines del Aire no estaba en muy buen estado y el trayecto fue bastante accidentado.

Después de un rato, el carro frenó en seco y se apagó.

—¿Qué pasa? —le preguntó Sabrina a Sebastián.

—Creo que se nos ponchó una llanta —respondió él.

La lluvia arreciaba y, al estar en medio del bosque, el aire se había vuelto frío.

Sebastián se quitó la chamarra y se la puso a ella sobre los hombros.

—Espérame en el carro, voy a ver.

—Llueve demasiado, mejor llamamos a alguien para que nos recoja —dijo Sabrina.

—Estamos en un lugar muy apartado, y con esta lluvia, quién sabe cuándo llegarían. Si solo es cambiar una llanta, no tardaré más de diez minutos.

Miró la ropa ligera de Sabrina.

—Espérame aquí, no te vayas a resfriar.

De los cuatro, Sebastián era el «guardaespaldas».

Era lógico que él se encargara del trabajo sucio.

Dicho esto, sacó un paraguas plegable de la guantera, lo abrió y salió del carro.

Eva, desde el asiento trasero, observaba la escena con una mirada extraña.

Mucha gente de su círculo ya sabía que Sebastián era el patriarca de la familia Fonseca; parecía que solo Sabrina desconocía su verdadera identidad.

Claro, no era porque Sabrina fuera despistada, sino porque Sebastián se camuflaba a la perfección.

Si no hubiera sabido quién era, ella tampoco habría sospechado.

Sebastián era capaz de dejar de lado su estatus y su orgullo, sin un ápice de arrogancia.

Como guardaespaldas, era impecable.

Capítulo 1368 1

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