—Tú... ¿lo dices en serio? —su voz sonaba ligeramente tensa.
Leonor asintió. —En tres días, volveré al sanatorio para tratar a Luna. Si no confías en mí, puedes vigilarme durante todo el proceso.
Ethan se quedó en silencio.
Por primera vez, dudó de lo que creía saber.
¿Y si Leonor realmente no había empujado a Luna?
Pero si no fue ella, ¿quién más podría haber sido?
Sin embargo, si Leonor de verdad quisiera hacerle daño a Luna, ¿por qué tomarse tantas molestias?
Lo que pasó ese día...
Justo cuando dudaba, una voz melosa los interrumpió.
—¡Ethan! ¡Así que estabas aquí!
Tania se acercó corriendo, sujetándose el vestido, y se colgó del brazo de Ethan con familiaridad. Luego, fingiendo sorpresa, miró a Leonor. —Vaya, ¿Leonor también está aquí? ¿De qué hablaban?
Ethan frunció el ceño, pero antes de que pudiera decir algo, Tania se adelantó: —Ethan, cuando venía para acá, vi a un tal director buscándote. ¡Dijo que quería hablar contigo de un negocio!
—Parecía bastante apurado, ¿por qué no hablan ustedes después?
Mientras hablaba, tiraba discretamente de Ethan para alejarlo de Leonor.
Tania tenía pánico de que Leonor revelara la verdad.
Desde que salió de la cárcel, el carácter de Leonor había cambiado. Ya no era fácil de intimidar; era como una roca, dura e impenetrable.
Y ahora que Tania era la prometida de Ethan y estaba a punto de casarse con él, ¡no podía permitir que Leonor lo arruinara todo!
Ethan miró a Leonor con indecisión. Al verlo, Tania añadió, haciéndose la víctima:
—Leonor, sé que siempre has tenido algo en mi contra, pero... no puedes hablar mal de mí a espaldas de Ethan...

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