Al regresar, David también entró en la red oscura y triplicó la cantidad de la recompensa por el hombre de la gorra.
Con 30 millones, compraba la vida del asesino.
Con una recompensa así, siempre aparece alguien valiente.
Esta vez, la red oscura se revolucionó por completo.
Con una foto y el respaldo del Grupo Cillin, la empresa líder en la Capital, que además tenía numerosos contactos, la información no tardó en llegar.
En menos de 24 horas, un mensaje cifrado llegó al teléfono de David.
«Señor Cillin, ya lo hemos capturado. Mañana lo entregaremos en el lugar designado».
Al día siguiente.
En un almacén abandonado en las afueras.
Un hombre vestido de negro estaba atado de pies y manos, con una bolsa negra cubriéndole la cabeza, arrodillado en el suelo en una postura miserable.
La bolsa negra le bloqueaba completamente la visión. La oscuridad impenetrable le provocaba una intensa sensación de inseguridad.
El hombre de negro no paraba de forcejear y gritar.
—¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué me han secuestrado?
—¿Saben quién soy? ¿Saben las consecuencias de meterse conmigo?
—Les aconsejo que me suelten ya. Si me sueltan ahora, puedo hacer como que esto no ha pasado.
Nadie le respondió.
Hasta que…
¡ZAS!
¡Le arrancaron la bolsa de la cabeza de un tirón!
Bajo la luz cegadora, el hombre de negro entrecerró los ojos para acostumbrarse a la claridad y finalmente pudo ver a las personas que tenía delante.
Leonor estaba de brazos cruzados, mirándolo fríamente desde arriba.
A su lado, David estaba sentado en una silla, sus largos dedos tamborileaban en el reposabrazos, su mirada era como el hielo.
Las pupilas del hombre de negro se contrajeron: —¿Eres… eres tú?
Leonor era el objetivo que no había podido eliminar en tres intentos.
Conocía su rostro a la perfección.
Leonor esbozó una sonrisa, con un deje de ironía.
—Vaya, ¿me conoces?
El rostro del hombre de negro se puso pálido, y su frente empezó a sudar frío.
—Yo… no sé de qué hablas…
En el estudio de la residencia Ramos, el ambiente era claramente tenso.
Ethan Ramos estaba de pie frente a su padre, con el ceño fruncido.
—Papá, Luna aún no se ha recuperado del todo. ¿Podemos posponer la boda?
Mañana era la boda de Ethan y Tania.
Con la boda a la vuelta de la esquina y su hermana Luna en una cama de hospital, no tenía ánimos para celebrar nada.
Don Ramiro Ramos cerró de golpe el documento que tenía en las manos. Su mirada era afilada, y al mirar a Ethan, sus ojos estaban llenos de autoridad y descontento.
—¿Posponer?
—Las invitaciones ya se han enviado, el lugar está reservado. ¿Y ahora quieres posponer? ¿Qué quieres que piense la gente de nuestra familia Ramos?
Ethan apretó los puños: —¡Pero es que Luna…!
—¿Qué pasa con ella?
Don Ramiro lo interrumpió fríamente.
—¿No dijo el médico que ya está fuera de peligro? Si puede asistir a la boda, que asista. Si no, no importa. ¡Pero tú te casas sí o sí!
Ethan tragó saliva, su voz era grave.
—Papá, no entiendo. ¿Por qué tenemos que aliarnos con la familia Sandoval? ¿Acaso a nuestra familia le faltan recursos para colaborar con otros?

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