—¿Que guardemos el secreto? ¡Ni hablar!
—¡Exacto, un chisme tan jugoso no se puede desperdiciar!
—Esa mosquita muerta de Tania, me ha humillado tantas veces. ¡Verán cómo la pongo en tendencia para que todo el mundo la critique!
—Shh, baja la voz. Con los Ramos no se juega. Si te oyen, verás cómo tus padres te castigan…
Aunque lo decían, la emoción en sus ojos era incontenible.
…
Fuera del salón de banquetes, el asistente de Ramiro se apresuró a alcanzarlo y le dijo en voz baja:
—Presidente, ya he dado instrucciones para que se encarguen de los medios. También estamos vigilando las redes sociales para evitar que la noticia se propague.
Ramiro asintió con un frío "Mmm", su mirada era sombría.
—Lo de hoy no puede afectar de ninguna manera el precio de las acciones de la empresa.
El asistente asintió.
—Sí, lo entiendo.
Ramiro hizo una pausa y luego preguntó:
—¿Cómo está Tania?
El asistente respondió:
—Ya la han llevado a la casa de los Ramos. El médico la ha examinado y dice que fue un desmayo por el estrés emocional, nada grave.
Ramiro soltó una risa fría.
—Mejor que no sea nada grave.
Entrecerró los ojos, su voz grave.
—Dile que se comporte durante este tiempo y que no me cause más problemas.
El asistente respondió:
—Entendido.
Una vez que los invitados se fueron, el salón de banquetes quedó casi vacío, con solo unos pocos camareros limpiando.
Julián agarró a su padre, que se disponía a irse, lo llevó a un rincón apartado y le preguntó en voz baja:
—¡Papá! ¿Por qué aceptaste que Ramiro invirtiera? Si tiene otras intenciones, ¡la familia Sandoval estará acabada!
Enrique frunció el ceño y se soltó de su agarre con impaciencia.

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