—¡Bah!
Fidel Zárate resopló nuevamente con frialdad, dejando en claro que no le creía ni una palabra.
Mauricio Zárate comentó a un lado:
—Director Gutiérrez, escuché que últimamente su padre ha estado yendo al corporativo, ¿está planeando regresar a la empresa?
—Quizás —la expresión de Benjamín Gutiérrez era serena—. Al fin y al cabo, ahora no puedo ver, es normal que regrese.
Mauricio Zárate asintió.
—Así es, tu padre ha estado en el extranjero todos estos años, pero antes él también dirigía el corporativo, tiene sus propias tácticas y capacidades.
Fidel Zárate miró a Mauricio Zárate y dijo:
—¿No vas a bajar a atender a los invitados? Si los invitaste, no vas a dejarlos ahí solos, ¿verdad?
Mauricio Zárate se mostró algo resignado, y luego le dijo a Benjamín Gutiérrez:
—Director Gutiérrez, lo dejo a cargo del señor, platique un poco con él, yo bajaré.
Benjamín Gutiérrez asintió tranquilamente.
—De acuerdo.
Mauricio Zárate se levantó y salió de la sala de descanso.
Fidel Zárate miró a Josefina León y dijo con voz fría:
—Tú también sal, tengo que hablar con él.
Josefina León asintió.
—Está bien.
Podía sentir que al anciano no le caía nada bien, y tampoco tenía ningún interés en quedarse ahí. Ya que él le había pedido que saliera, no podía tener el descaro de quedarse.
Las hermosas cejas de Benjamín Gutiérrez se fruncieron.
—Don Fidel, ¿qué significa esto?
Fidel Zárate respondió:
—Tengo algo que decirte y no quiero que otros nos escuchen, ¿acaso no se puede?
El anciano tenía la autoridad suficiente para darse el lujo de ser caprichoso.
Josefina León dijo:
—Estaré justo en la puerta, vendré a buscarte en un rato.
El rostro de Benjamín Gutiérrez se oscureció un poco, evidentemente descontento, pero podía sentir que Josefina León realmente quería salir.

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