Inmediatamente después, Josefina la jaló del brazo dislocado, arrastrándola hacia sí. La agarró por el cuello, la obligó a darse la vuelta y ¡empujó su cabeza directamente hacia la olla del estofado hirviendo!
—¡Ahhhh! ¡Auxilio!
Flavia se olvidó por completo del dolor en el brazo. Al ver que su cara estaba a punto de ser sumergida en el caldo hirviendo, empezó a chillar como cerdo en el matadero.
—¡Josefina León!
¡Mauricio soltó un rugido! Toda su calma y desprecio desaparecieron, dejando solo pánico y asombro.
¡El cambio de situación había sido demasiado repentino!
Jamás imaginó que Josefina pudiera someter a dos guardaespaldas ella sola, y mucho menos que tomara a Flavia como rehén antes de que alguien pudiera reaccionar.
¡Esa agilidad y capacidad de respuesta eran asombrosas!
Al ver la escena, los demás palidecieron de terror. Algunos empleados más asustadizos incluso gritaron.
Lorena presenció todo con los ojos muy abiertos y vitoreó: —¡Jose, eres increíble!
Cuando el rostro de Flavia estaba a solo diez centímetros del caldo, Josefina se detuvo. No la empujó más.
Flavia temblaba de pies a cabeza. Con los ojos cerrados con fuerza, podía sentir el vapor abrasador golpeándole la cara.
—Snif... ¡Auxilio, papá, sálvame!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
Alguna forma de leer gratis?????...