Sentada en la sala, contempló su pequeña maleta y soltó una risita ligera.
Había ido y venido de Residencial Valle Niebla tantas veces... ¿Para qué?
Analizando a fondo, su único propósito inicial siempre había sido conseguir el divorcio.
Sin embargo, todo se había enredado. Habían pasado tantas cosas, al grado de rozar la muerte en repetidas ocasiones.
Comparado con todo aquello, ¿acaso el divorcio no parecía ahora un detalle sin importancia?
Josefina dejó salir un profundo suspiro, le dio unas palmaditas a su maleta y se dirigió a la cocina para prepararse algo de comer.
Apenas entró, su celular sonó. Miró la pantalla; era una llamada de Lorena.
—¿Bueno?
Josefina contestó, dejó el teléfono sobre la encimera y activó el altavoz para poder seguir cocinando sin interrupciones.
Abrió el refrigerador y sacó algunos ingredientes.
—Jose, creo que le pasó algo a Benjamín.
La voz de Lorena se escuchó inusualmente grave.
Josefina se quedó paralizada y frunció sus lindas cejas.
—¿Qué pasó?
Lorena bajó la voz a un susurro.
—No estoy segura. Me mandó a encerrarme a mi cuarto, y afuera pusieron un guardaespaldas vigilando. Quise asomarme a husmear, pero ni me dejan abrir la puerta. Y desde aquí no se escucha ni pío de lo que pasa abajo. Presiento que está viendo a alguien en secreto.
Ah, era eso.
La tensión que había oprimido el pecho de Josefina desapareció de golpe.
—Tranquila, seguro está arreglando algún asunto. Cuando termine, te dejará salir.
Lorena se oía ansiosa.
—¿Y a poco no te da curiosidad saber en qué anda metido?
—La verdad, no.
Con un tono despreocupado, Josefina sacó una cebolla y empezó a lavarla y prepararla.
—Ay... —suspiró Lorena.

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