—¡Vicente! ¿Dónde te metiste? Te he estado llamando y no contestas. No puedo entrar a mi casa, el guardia no me deja pasar. Vicente, por favor, ven por mí. Estos días han sido un infierno, me he muerto de miedo. Benjamín es un monstruo...
En cuanto contestaron la llamada, ella empezó a llorar y a quejarse, como si por fin hubiera encontrado su salvavidas.
Sin embargo, la persona al otro lado de la línea no era su anhelado Vicente.
—Él no volverá a aparecer.
La fría voz de Benjamín se escuchó al otro lado de la línea.
—Deja tus jueguitos, y no olvides mi advertencia.
Dicho esto, colgó.
Sofía abrió los ojos de par en par, aterrorizada.
—¿Hola? ¿Qué le hiciste? ¡Hola!
Benjamín jamás se molestaría en darle explicaciones.
Ella no volvió a comunicarse con Vicente.
En ese instante, Sofía sintió que el mundo se le venía encima.
¿Cómo podía estar pasando esto?
¿Qué le había hecho Benjamín a Vicente?
¡Era su propio padre!
¿Acaso lo había matado?
Al momento en que ese pensamiento cruzó por su mente, Sofía se tapó la boca, aterrada.
*Había asesinado a alguien, había cometido un crimen, iría a la cárcel...*
*¿Debería llamar a la policía?*
Sofía empezó a dudar. Si llamaba a la policía, ¿qué ganaba ella?
Su único respaldo estaba muerto, y aunque descubrieran que Benjamín lo había asesinado, ella ya no conseguiría nada.
Sofía rompió en llanto, desesperada. ¿Qué iba a hacer con su futuro?
Ni por asomo se atrevería a provocar a Benjamín; su única opción era irse de Santa Aurelia.
...
En la casa de los Gutiérrez.
Benjamín había regresado para deshacerse del personal que rodeaba a Alberto.
Alberto observaba desde un lado y preguntó, confundido:
—Tío, ¿por qué echaste a Yasmina? A mí me caía bien.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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