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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 1087

—Y lo has manejado de maravilla.

Sus ojos reflejaban una genuina admiración por Josefina.

Josefina esbozó una leve sonrisa y comentó:

—Este té para la resaca está buenísimo, ¿me pasas la receta?

—Claro, te la envío por WhatsApp —dijo Almudena, sacudiendo su celular antes de enviarle las instrucciones.

Luego, volvió a posar su mirada sobre Josefina y preguntó:

—Ese hombre misterioso... ¿desde cuándo empezó a seguirte para protegerte?

Josefina la miró, con un brillo de sorpresa en los ojos.

—Almudena, pareces tener mucha curiosidad por él. ¿Crees que lo conoces?

—La verdad, no estoy segura —respondió Almudena—. Al fin y al cabo, nunca le vi el rostro. Es solo que, al verle la espalda, me resultó increíblemente familiar.

¿La espalda?

Josefina hizo un esfuerzo por hacer memoria. Había visto la espalda de Lobo Solitario infinidad de veces, pero por más que lo intentaba, no lograba recordar a quién se parecía, así que decidió abandonar la idea.

—Hará cosa de seis meses —respondió.

Almudena asintió pensativa.

—Ya veo.

—La próxima vez que lo vea, te avisaré. Así podrás acercarte a comprobar si lo conoces o no —añadió Josefina.

—Me parece perfecto —asintió Almudena.

Se puso de pie, abrió la puerta del cuarto de invitados y dijo:

—Puedes descansar aquí esta noche. Si necesitas cualquier cosa, no dudes en decirme.

—De acuerdo.

Josefina asintió y entró en la habitación.

Almudena le cerró la puerta y caminó hacia el mueble de licores.

Sacó una botella de vino tinto, la destapó con el sacacorchos y se sirvió una copa.

Con la copa de cristal en la mano, salió al balcón. Observó la inmensidad de la noche con una mirada teñida de añoranza, aunque enseguida fue reemplazada por un destello de frialdad.

Bebió el vino y permaneció en el balcón un buen rato antes de volver a su habitación.

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