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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 1090

Lorena guardó silencio por un momento y, finalmente, dejó escapar un suspiro de rendición.

—¿Por qué tienes que ser tan astuta? Contigo no hay manera de guardar un secreto. Está bien, tienes razón. Sí, me pidió algo.

Se dejó caer en el sofá, con una mueca de exasperación.

—Intentó sobornarme. Me ofreció dinero para que te convenciera de aceptar el divorcio.

Josefina: —...

Tomó una profunda bocanada de aire antes de preguntar:

—¿Y qué le respondiste?

Lorena le dedicó una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Que yo estoy de tu lado, por supuesto!

Josefina le aseguró:

—No pienso divorciarme de él a corto plazo. Hazle saber que se quite esa idea de la cabeza. Y sobre el dinero, te pagaré exactamente la misma cantidad que él te ofreció.

—¿Qué estás diciendo? —Lorena frunció el ceño, de repente muy seria—. Entre él y yo hay una simple relación laboral, ¡pero tú y yo somos amigas! Puedo aceptar su dinero sin problema, pero no el tuyo. No vuelvas a decir algo así o me enfadaré de verdad.

—De acuerdo.

Josefina esbozó una sonrisa aliviada y luego indagó:

—¿Cómo reaccionó a esa técnica especial de acupuntura?

Lorena asintió con evidente respeto.

—Sinceramente, me quito el sombrero ante él. Tiene una resistencia al dolor fuera de lo común. Ese tipo de terapia es sumamente dolorosa, pero no soltó ni un solo quejido en todo el proceso.

Josefina bajó la mirada con suavidad y murmuró:

—Siempre ha sabido cómo soportar el sufrimiento.

—Solo se puede aplicar un ciclo de este tratamiento. Si al terminar no vemos ninguna mejora, significará que mis habilidades médicas no son suficientes —explicó Lorena, con un tono cargado de seriedad.

—Hiciste todo lo que estaba en tus manos, nadie te culpará —la tranquilizó Josefina.

—Entiendo.

El ambiente se volvió repentinamente denso, y ambas se sumieron en el silencio.

Cuando Benjamín bajó de nuevo por las escaleras, llevaba los ojos cubiertos con una venda blanca. En los bordes se alcanzaban a distinguir ligeros rastros de sangre.

—¿Cómo te sientes? ¿Todavía te duele mucho? —preguntó Lorena.

—Soportable.

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