Al ver el convenio de divorcio, Valentín se quedó helado por un segundo y preguntó con vacilación.
—Director Gutiérrez, ¿de verdad vamos a hacer esto?
—Sí.
Benjamín se puso de pie, subió las escaleras a paso lento y ordenó con un tono sumamente tranquilo.
—Avisa cuando esté listo.
La mirada de Valentín se llenó de complejidad, pero asintió.
—Sí, señor.
...
Cuando Josefina despertó, lo primero que vio fue el apuesto rostro de Benjamín. Él estaba acostado de lado junto a ella, la usual dureza de su expresión se había suavizado y se veía completamente en paz.
Los recuerdos de la noche anterior cruzaron por su mente, haciéndole bajar la mirada mientras sus mejillas se encendían.
Pero, en el fondo, se sentía tranquila.
No era gran cosa.
Eran adultos, además de marido y mujer; tener intimidad era lo más normal del mundo.
Intentó darse la vuelta para levantarse, pero sintió un brazo rodear su cintura que la arrastró de vuelta hasta que su espalda chocó con el pecho del hombre.
—¿Ya despertaste?
Josefina se sorprendió y giró un poco para verlo.
Benjamín asintió. Se inclinó hacia ella y, con una voz algo ronca, le preguntó.
—Jose, ¿todavía te duele?
—¿Qué?
Josefina se quedó confundida por un instante, sin entender a qué se refería.
Él aclaró.
—El pasado. Cuando piensas en lo que ocurrió, ¿aún duele?
Josefina guardó silencio.
Bajó la mirada y, por un momento, realmente intentó buscar ese dolor en sus recuerdos. No había pasado tanto tiempo, pero aquella sensación inicial, ese sufrimiento desgarrador, ya se había disipado.

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