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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 1134

Eduardo se puso de pie, mirándola con tranquilidad.

—Tu cuerpo está muy débil ahora mismo. No te compliques la cabeza con pensamientos innecesarios. Mantenerte con vida es lo más importante.

Luego, tomó el plato vacío y salió de la habitación sin más.

—¡Oye!

Josefina le gritó, mirándolo con un rostro pálido y enfadado mientras se alejaba.

Sin embargo, Eduardo ni siquiera se detuvo a mirar atrás, y con pasos largos abandonó el lugar.

Qué tipo tan exasperante...

Josefina sintió un tirón en las heridas del hombro y del pecho, provocando que tomara aire de golpe por el intenso dolor. Se recargó en la cabecera e intentó calmarse para tolerar el martirio.

Después de un buen rato, cuando pareció que su cuerpo lograba soportar el dolor, su ceño fruncido comenzó a relajarse lentamente.

Miró a su alrededor; no veía su celular por ningún lado. ¿Cómo se suponía que iba a comunicarse con sus amigos?

Si se enteraban de que estaba desaparecida, ¿no se volverían locos de preocupación?

La imagen del apuesto rostro de Benjamín apareció en su mente, y ella apretó los labios, pálidos y sin vida.

Sus amigos estarían desesperados, y él quizás... perdería la razón por completo.

Una vez que estuvo lúcida, el tiempo comenzó a pasar de forma agónica. Josefina creyó que tendría que quedarse en la misma posición hasta quedarse dormida de nuevo, pero por suerte, a Eduardo pareció quedarle algo de conciencia y mandó a una empleada a ayudarla.

Gracias a Dios...

Una vez que la volvieron a recostar, su rostro se relajó de nuevo. Miró a la empleada y le dijo:

—Quiero mi celular. Ve a pedírselo a Eduardo.

La muchacha asintió, pero tras marcharse, no volvió.

Josefina volvió a sumirse en un sueño pesado y entrecortado. Al día siguiente, el murmullo del doctor conversando la hizo despertar.

Le habían cambiado los vendajes, y el médico le explicaba las indicaciones a seguir.

Al abrir los ojos, Josefina notó a Eduardo parado a poca distancia, prestando atención rigurosamente a cada palabra.

—Eso sería todo en resumen. Avísenme si se presenta alguna irregularidad —dijo el médico, y salió de la habitación tras dar sus últimas indicaciones.

Eduardo también hizo el ademán de irse.

—¡Oye!

Josefina habló a tiempo y lo miró con el ceño fruncido.

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