Más tarde, cuando se enteró de que Josefina se había divorciado de Benjamín, ¡sintió una gran alegría!
Por eso, luego de salvarla, ni siquiera consideró contactar a Benjamín.
Si ante la ley no eran nada, ¿qué sentido tenía llamarlo?
Eduardo habló sin prisa con Fidel Zárate, y en pocas palabras le hizo saber algo crucial.
Cada movimiento de Fidel estaba bajo su control.
Y estaba seguro de que Fidel iría a contarle ese pequeño detalle a Benjamín.
Decirle que Josefina seguía con vida era más que suficiente.
De esta manera, evitaría que causara un escándalo mayor.
Tsk...
Aunque, para ser justos, el escándalo que Benjamín estaba armando ahora tampoco era pequeño.
Al pensar en la recompensa que rondaba por la red oscura, los ojos de Eduardo brillaron con un toque de diversión.
Cortó la llamada con Fidel y de inmediato marcó otro número.
—Hermano.
En cuanto contestaron, escuchó una voz malhumorada del otro lado.
—Ya viste la recompensa en la red oscura, ¿no? Nuestra hermanita corre gran peligro. En un momento tan crítico como este, ¿por qué diablos no estás aquí? ¿A dónde te fuiste?
Eduardo, manteniendo la calma, le respondió:
—Que se cuide sola y que no ande saliendo por ahí. ¿Has ido a ver a mamá estos últimos dos días?
Del otro lado hubo un breve silencio antes de responder:
—Fui, pero no quiso verme. ¿Qué más quieres que haga?
—Aun así, tienes que ir —le ordenó Eduardo con tono firme—. Esfuérzate por verla y luego cuéntame cómo está.
Su hermano soltó una risa sarcástica.
—Si tanto te preocupa nuestra madre, ¿por qué no vienes tú a verla?
—Volveré, y les aseguro que llevaré una sorpresa enorme para todos —afirmó Eduardo.
Y, sin esperar réplica, colgó el celular.
Tenía un montón de notificaciones pendientes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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