Joaquín le puso una manta sobre los hombros y le preguntó con dulzura:
—¿Estás cansada?
Yolanda frunció el ceño al mirarlo y preguntó:
—¿Eduardo y Sebastián son de fiar? ¿Cuándo van a volver de una buena vez?
En sus ojos no podía ocultar la urgencia; realmente quería saber los resultados con desesperación. Así podría tratar a Josefina con todo el amor del mundo sin tener que esconderse.
No había visto a Josefina en dos días, ¡y de verdad la extrañaba muchísimo!
Joaquín suspiró con impotencia.
—¿Por qué desconfías de ellos dos? En teoría, deberían haber mandado a alguien directamente con los resultados, pero como temías que alguien los alterara, hiciste que los hermanos fueran personalmente. Ya deberían estar por llegar.
Yolanda frunció el ceño.
—Por supuesto que temo que algo salga mal. El primer día que Josefina volvió a los Hurtado hubo problemas. ¿Qué pasa si alguien manipula la prueba de ADN porque no quiere que mi hija regrese?
Joaquín la miró, viendo cómo ya trataba a Josefina como si fuera su propia hija, y suspiró con resignación.
—Yoli, trata de calmarte un poco. El resultado no es seguro...
—Cállate, qué cosas tan horribles dices —Yolanda lo interrumpió de inmediato, dejó de apoyarse en él y ni siquiera le dedicó otra mirada.
Joaquín: ...
...
En la entrada del Centro de Análisis Genéticos.
Las puertas del auto se abrieron y Eduardo y Sebastián bajaron uno tras otro. Los hermanos tenían rasgos muy parecidos, pero sus auras eran completamente distintas.
Eduardo era frío y sereno, con una mirada muy afilada y una presencia imponente e intimidante; Sebastián, por el contrario, era rebelde y desenfadado, con una mirada que escondía cierto desprecio por el mundo, como si no le importara nadie.
Miró a su hermano mayor y comentó:
—Qué exageración, ¿no era más fácil pedir que nos lo enviaran?
Eduardo respondió:
—Mamá rara vez nos pide hacer algo. Ya que se tomó la molestia de pedirlo, ¿acaso ibas a negarte?
Sebastián bajó levemente la mirada sin decir nada. Por supuesto que no se negaría.
Al igual que su hermano mayor, anhelaba recibir un reconocimiento por parte de su madre y poder llamarla mamá algún día, como cualquier otro niño.

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