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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 326

Después de cenar, Josefina no hizo el menor intento de irse. Teresa la jaló para platicar con ella, aparentando que todo era de lo más normal.

Benjamín estaba sentado a un lado. Se llevó la mano a la sien y se la masajeó. Sintió un calor repentino en el vientre; era una sensación lenta y penetrante, justo como cuando estaba en la intimidad con Josefina.

Su mirada recayó instintivamente sobre ella, recorriendo desde su rostro hasta el resto de su cuerpo.

Eran esposos, cualquier cosa que hicieran era completamente normal.

—Jose, la herida de mi hombro me molesta un poco. ¿Me la puedes checar? —dijo con la voz un poco ronca.

Al escuchar eso, Teresa le dio unas palmaditas en la mano a Josefina y le dijo:

—Ve. Benjamín se lastimó por ti, deberías checar si ya sanó bien.

—Está bien.

Josefina no se negó. Se levantó, caminó hacia él y se inclinó para tomarlo del brazo.

Benjamín aprovechó para ponerse de pie e inmediatamente la tomó por la cintura.

Su mano grande y cálida se pegó a su costado; la temperatura abrasadora traspasaba la tela de su ropa.

Ella entendió al instante: la sopa que él había tomado ya estaba haciendo efecto.

Bajó un poco la mirada y comenzó a caminar hacia el segundo piso.

Su recámara estaba arriba. Por culpa de Helena, rara vez pasaba la noche en la casa de los Gutiérrez.

Por lo tanto, esa habitación conyugal le resultaba bastante extraña.

Al empujar la puerta, el aliento caliente de Benjamín rozó su mejilla.

—Jose... —Susurró mientras besaba suavemente su cuello.

Dijo su nombre con una voz ronca y cargada de deseo.

Josefina volteó la cara para esquivarlo y le dijo:

—Me acabo de acordar que dejé abajo lo que te iba a dar. Espérame un ratito, voy por ello.

—¿Qué cosa? Luego vas por ella —le respondió Benjamín, abrazándola fuerte sin querer soltarla.

Se inclinó para intentar besarla en los labios.

Josefina volteó la cara para esquivarlo, diciendo:

—No, es un regalo para ti. ¿Acaso no lo quieres?

—De acuerdo.

Se quedó viendo su silueta hasta que salió de la habitación.

Ella cerró la puerta, bloqueando cualquier rastro de luz del pasillo.

La oscuridad envolvió a Benjamín. Sintió una dulce calidez en el pecho y una sonrisa que no podía borrar de sus labios.

Justo en ese instante, había sentido la ternura de su esposa.

Esa calidez tan familiar lo volvía loco de amor.

Pensó que tal vez ya no se divorciarían, que seguramente ella retiraría la demanda. La sola idea de volver a ser como antes hacía que su pasión se encendiera aún más.

El tiempo fue pasando poco a poco. Benjamín empezó a sentir que el calor de su cuerpo se hacía más fuerte, nublándole un poco la razón.

Pero todavía tenía en mente la sorpresa que Josefina le había preparado.

No supo cuánto tiempo pasó, hasta que por fin la puerta se volvió a abrir. Una silueta delgada entró en el cuarto y cerró la puerta tras de sí.

—¿Jose? ¿Cuál es la sorpresa? —preguntó él.

A Benjamín le brillaban los ojos mientras miraba a la persona que se acercaba lentamente.

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