En ese instante, sonó su celular. Salió de sus pensamientos y, al revisar la pantalla, vio el nombre de Manuel parpadeando.
Apretó un poco el teléfono y, tras dudarlo bastante, contestó:
—Manu.
—Josefina, ya terminó mi junta, ¿dónde andas? Paso a recogerte —se escuchó la voz amable de Manuel.
Josefina respondió:
—Me surgió un imprevisto y no voy a poder ir, Manu. Tú sigue con lo tuyo.
Manuel notó algo raro en su tono y preguntó:
—¿Pasó algo? ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?
—No —dijo Josefina.
Su tono de voz sonó aún más apagado y de inmediato le colgó el teléfono.
No podía creer que alguien tan amable por fuera pudiera hacer algo así por la espalda, pero las pruebas estaban justo frente a ella.
Se levantó y salió del hotel.
Felipe fue a aventar al tipo a la delegación y luego la acompañó de regreso al hospital.
Al abrir la puerta de la habitación, vio que Cristóbal y Valentín ya estaban ahí.
Al verla, Cristóbal la saludó con una gran sonrisa:
—Jose, ¿ya llegaste?
—Sí —contestó Josefina, sentándose en el sillón.
Los ojos oscuros y profundos de Benjamín se clavaron en ella por un instante, y luego le indicó a Valentín:
—Solo hazlo exactamente como te dije.
Valentín asintió.
—Entendido.
Tras decir eso, dio media vuelta y salió.
Benjamín miró a Cristóbal y le preguntó:
—¿Ya tienes noticias de tu hermana?
Cristóbal negó con la cabeza.
—Nada.
—Ve a presionarla.
Cristóbal se quedó pasmado.
—Oye, Benjamín, ¡no manches! Si ni siquiera puedo contactarla, ¿cómo la voy a presionar?
—Ese es tu problema. —La expresión de Benjamín se volvió más fría mientras lo miraba fijamente.
—Ya pasó. Yo misma voy a tener más cuidado a partir de ahora.
Pero eso solo avivó la curiosidad de Benjamín.
—Mientras menos me cuentas, más me intriga saber qué diablos pasó.
—Veo que ya te ves mucho mejor. Supongo que no necesitas que me quede a cuidarte, así que ya me voy —dijo Josefina, poniéndose de pie de golpe, con el rostro serio.
Dicho esto, pasó por un lado de la cama y se dirigió directo hacia la puerta.
Sin embargo, de pronto sintió que alguien le agarraba la muñeca, seguido por la voz de él:
—¿Por qué estás tan helada?
Con un solo jalón, la atrajo hacia él y le tocó la mejilla.
—¿Por qué estás tan fría? ¿Qué carajos pasó?
Josefina se zafó de su agarre.
—Te digo que ya pasó todo.
El semblante de Benjamín se oscureció. No le insistió más, en su lugar, presionó el botón de llamada.
La enfermera no tardó en llegar.
Él le dio una indicación a la chica:
—Háganle un chequeo completo. Quiero estar seguro de que está bien.

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