Entrar Via

La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 443

Nuevo hogarLa Noche que Dejé de Esperarte ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Benjamín la clavó con su oscura y penetrante mirada. —¿Acaso olvidaste lo que te dije antes? Yo mismo investigué sus antecedentes. Es un tipo sumamente sospechoso, ¿cómo puedes seguir pensando que es una coincidencia?

Josefina apartó la mirada y se quedó en silencio por un largo rato.

—Alberto, ¿ya terminaste? —preguntó Benjamín al niño, con tono sereno.

Alberto asintió con energía. —Sí, tomé muchísimas. ¡Mira, tío!

Corrió hacia él y le devolvió el celular.

Benjamín deslizó el dedo por la pantalla para ver cada foto y una ligera sonrisa se dibujó en sus labios. —Muy buenas. Como recompensa, esta noche te salvaste de hacer la tarea.

—Pero yo quiero hacer mi tarea —replicó Alberto con total seriedad—. ¿No puedo pedir otro premio?

Benjamín lo miró con sorpresa. —¿Qué quieres pedir?

Alberto se mostró un poco tímido, pero finalmente confesó: —Quiero que mi tío Benjamín venga a dormir a casa todos los días.

El pequeño sentía la soledad. Aunque en el jardín de niños tenía amiguitos, al volver a la inmensa casa, no había más familia que el mayordomo y el personal de servicio.

En el fondo, seguía extrañando desesperadamente a su mamá. Pero, por más que la extrañara, ella nunca aparecía. Por eso, comenzó a aferrarse a su tío; después de todo, él era el único que siempre volvía.

Al ver la mirada nerviosa y expectante del niño, el corazón de Benjamín se ablandó de inmediato. —De acuerdo, te lo prometo.

Alberto rompió en una enorme y feliz sonrisa. Sin embargo, como si recordara algo importante, volteó a ver a Josefina con cierta inseguridad. —¿La tía también va a venir todos los días contigo, verdad?

Josefina lo observó con frialdad. —No te agrado. No tienes que esforzarte en fingir para quedar bien conmigo.

—No es cierto —negó Alberto, sacudiendo la cabecita—. No es que tú no me agrades.

Parpadeó un par de veces y soltó con inocencia: —Es que yo no te agrado a ti.

Josefina se quedó sin palabras.

Le lanzó una mirada cargada de emociones encontradas, incapaz de articular sonido.

La actitud de Emiliano cambió al instante, su voz se llenó de alarma. —¿Qué sucedió? ¿Acaso Benjamín volvió a lastimarte? ¿Qué te hizo ese infeliz?

Al escuchar su reacción, los ojos de Josefina destellaron. En ese preciso instante cayó en la cuenta de algo que había estado ignorando: cada vez que hablaba con Emiliano, el tema siempre terminaba desviándose a cómo Benjamín supuestamente la maltrataba.

Pero, pensándolo fríamente, ¿realmente había sido así?

Era cierto que Benjamín había cometido errores imperdonables, pero también había arriesgado su vida más de una vez para salvarla.

Ese detalle dejó a Josefina con un mal sabor de boca, pero forzó esa duda al fondo de su mente y continuó con la mentira: —No, no es él. Es mi abuela. Jimena, con ayuda de otras personas, la envenenó. Me amenazaron diciéndome que si no encuentro a Magdalena, mi abuela no sobrevivirá. Pero Magdalena desapareció... ¿De dónde saco yo a Magdalena?

Mientras hablaba, su voz comenzó a temblar con tanta autenticidad que parecía estar al borde de un ataque de pánico.

—Cálmate, por favor —pidió Emiliano, esta vez con un tono mucho más solemne—. ¿Dónde estás ahora mismo? Iré a buscarte y lo hablamos en persona.

—Sí... —susurró Josefina—. De verdad que ya no sé qué hacer. A Benjamín ya no le importo en lo absoluto; de hecho, ya aceptó firmar los papeles del divorcio. En este momento, eres el único que puede ayudarme.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte