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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 525

Josefina: [Sí, estoy en casa y no tengo nada que hacer.]

Silvia: [¡Perfecto! Voy para allá y así jugamos cartas con la abuela.]

Dicho y hecho. La chica se levantó de un salto y se cambió de ropa en un parpadeo.

Se subió a su pequeño escarabajo y condujo rumbo a Residencial Valle Niebla.

El clima de ese día no era el mejor. El cielo estaba gris y sombrío, como si estuviera a punto de llover a cántaros en cualquier momento.

Silvia manejaba con tranquilidad y pronto llegó a la entrada de Residencial Valle Niebla. El guardia de seguridad la detuvo y le pidió que registrara su nombre y su identificación.

Ella bajó del auto y se acercó a firmar.

Justo en ese instante, otro vehículo se detuvo a su lado.

Valentín estaba a punto de hablarle al hombre sentado en el asiento trasero, pero al levantar la vista, vio a Silvia en la caseta de vigilancia, con la cabeza agachada firmando el registro.

¡Sus pupilas se contrajeron de golpe!

¿Qué hacía Silvia allí?

¿Venía a ver a la señora?

Valentín echó un vistazo rápido por el espejo retrovisor y notó que Federico tenía los ojos cerrados, descansando. Evidentemente, no había visto a Silvia.

¡Bajo ninguna circunstancia podía dejar que la viera!

Federico había pasado días enteros revisando las grabaciones de seguridad sin lograr encontrar ese auto, y había terminado maldiciendo a todo pulmón, exigiendo ver a Benjamín.

Valentín le había pedido permiso al señor Gutiérrez y, tras obtener su aprobación, lo estaba llevando allí.

¡Jamás se imaginó que se cruzarían con Silvia justo en la entrada!

Valentín encendió el motor rápidamente y arrancó en dirección opuesta.

En ese momento, Federico abrió los ojos. Llevaba varias noches sin dormir y los tenía inyectados en sangre. Se sentía muy mal y preguntó con fastidio: "¿Todavía no llegamos?"

Valentín respondió apresurado: "Ya casi, señor. Puede descansar un poco más si lo desea."

Mientras sostenía el volante con una mano, usó la otra para enviarle un mensaje rápido a Benjamín.

"¡Mi tesoro! ¡Llevamos apenas unos días sin vernos y te extrañé a morir!", exclamó con una teatralidad exagerada.

Josefina curvó los labios con cierta resignación y le dijo: "Estás siendo muy dramática, pareces de telenovela. Seamos chicas normales y tranquilas, ¿sí?"

"Ay, está bien, está bien. Veo que ya no me quieres", fingió llorar Silvia, para luego ir corriendo a buscar a la anciana. "¡Iré con la abuela, ella sí me quiere!"

Su voz alegre resonó en la casa, y la abuela, evidentemente feliz de verla, se puso a platicar con ella de inmediato.

En ese momento, Benjamín bajó las escaleras.

Frunció su marcado y atractivo ceño al ver a Silvia, y le soltó con dureza: "¿No te das cuenta de la situación en la que estás? Andas por ahí como si nada, ¿acaso tienes miedo de que no logre encontrarte?"

Silvia, desconcertada por el regaño repentino, encogió los hombros y lo miró con timidez y miedo.

Josefina frunció ligeramente el ceño y salió en su defensa: "Ella no ha ido a ningún otro lado, ¿cómo la va a encontrar tan fácilmente? ¿Por qué le gritas de esa manera? Si tienes problemas que te frustran, resuélvelos tú mismo, pero no te desquites con personas inocentes."

Benjamín: "..."

Él la miró fijamente y terminó soltando una risa amarga, superado por la frustración.

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