—Usted no le hará daño, pero otros sí.
Al decir esto, Benjamín lanzó una mirada de reojo al pálido y descompuesto rostro de Beatriz.
Al escuchar sus palabras, la cara de Beatriz perdió aún más el color.
Manuel adoptó una postura sumamente estricta y aseguró: —Puedo prometer que ella no volverá a hacer nada para lastimar a Josefina. Me encargaré de disciplinarla personalmente.
—Caras vemos, corazones no sabemos. ¿Cómo puede garantizar que las intenciones de su hermana no van a cambiar? —atacó Benjamín, implacable, lanzándole a Beatriz una mirada que helaba la sangre.
Beatriz se puso más blanca que el papel.
Manuel apretó los labios con fuerza. Estaba claro que Benjamín no quería permitirle hablar a solas con Josefina bajo ninguna circunstancia.
Todas esas advertencias no eran más que excusas baratas; en realidad, era la pura y absoluta posesividad de Benjamín haciendo de las suyas.
Manuel miró a Josefina, esperando que ella tomara la decisión.
Si ella decidía hablar con él, Benjamín no debería tener derecho a oponerse.
Aunque, a decir verdad, Manuel todavía no tenía claro en qué punto exacto se encontraba la relación de ellos dos.
Benjamín mantenía una fachada de total indiferencia, pero por el rabillo del ojo no dejaba de observar a Josefina.
Él ya había dicho que no.
¿Qué haría ella?
Josefina nunca imaginó que, incluso después de resolver el problema, en lugar de que se marcharan, terminaría atrapada en una situación tan incómoda.
Miró a Manuel y notó que en sus ojos había una suave disculpa y parecía tener algo atorado en la garganta, desesperado por salir.
Dudó unos segundos, pero finalmente asintió. —Está bien.
La tensión en el rostro de Manuel se alivió un poco. Lanzó una mirada sutil hacia Benjamín y luego se dirigió a Josefina: —Vamos. Aprovechamos para caminar un poco por la planta baja y hablamos en el camino.
—Sí.
Ambos salieron de la habitación, uno detrás del otro.
¡No era justo!
Benjamín simplemente no la conocía lo suficiente. Aún no se daba cuenta de lo maravillosa que era. Iba a esforzarse el doble, el triple si fuera necesario, para plantarse frente a él y demostrarle que era un millón de veces mejor que la estúpida de Josefina.
...
El clima de ese día era agradable. El sol brillaba radiante en el cielo despejado, y una suave brisa ayudaba a disipar el calor sofocante de la tarde.
—Lo siento.
Lo primero que hizo Manuel al abrir la boca fue disculparse de nuevo. Esta vez, su voz denotaba una profunda impotencia. —De verdad, yo no sabía nada de esto. Fue mi culpa haberte hecho vivir asustada durante tanto tiempo.
Josefina bajó la mirada levemente. —Si no fuiste tú quien lo hizo, no tienes por qué disculparte conmigo.
Hizo una pausa y luego añadió: —Sin embargo... tampoco puedo simplemente hacer como si nada hubiera pasado. Aunque no fuiste tú, fue tu hermana. El hecho de que seamos cercanos a ella no le agrada en lo absoluto. Así que, Manu, creo que es mejor que dejemos de frecuentarnos.
Lo ocurrido esta vez le había dejado muy claro algo: Beatriz era una bomba de tiempo.

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