Cristóbal estaba sentado en el suelo, con la respiración agitada y una expresión de frustración en el rostro.
Josefina, de repente, se giró hacia Benjamín y le preguntó:
—Si tú pelearas con él, ¿quién ganaría?
Benjamín enarcó una ceja.
—¿Quieres verlo?
Una media sonrisa se dibujó en sus labios, mirándola con un toque de burla y curiosidad.
—Si quieres verlo, vas a tener que pagar.
Josefina le devolvió una mirada inexpresiva y volteó la cabeza.
—Ya no quiero.
Benjamín soltó una risa ahogada.
Desde el suelo, Cristóbal intervino:
—Josefina, tal vez todavía no conoces bien de lo que es capaz Benjamín. Felipe no es rival para él.
Los ojos de Josefina brillaron con interés y miró a Felipe, solo para verlo toser incómodamente sin decir una palabra.
La curiosidad de Josefina aumentó.
¿En serio?
¿Felipe no podía vencer a Benjamín?
Ella había visto la brutalidad con la que Benjamín peleaba cuando perdía los estribos, pero Felipe tampoco se quedaba atrás.
Su mirada volvió al hombre a su lado, y vio que él ya se había quitado el saco y se estaba desabotonando los puños de la camisa con total tranquilidad.
Al ver esto, un brillo cruzó por sus ojos.
Benjamín se puso de pie y dijo:
—Vamos, es hora de estirar los músculos.
Felipe: "…"
Realmente no tenía muchas ganas de pelear.
Pero al notar la emoción en los ojos de Josefina, sintió que no podía negarse.
Ni modo.
A pelear se ha dicho.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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