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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 568

Cristóbal estaba sentado en el suelo, con la respiración agitada y una expresión de frustración en el rostro.

Josefina, de repente, se giró hacia Benjamín y le preguntó:

—Si tú pelearas con él, ¿quién ganaría?

Benjamín enarcó una ceja.

—¿Quieres verlo?

Una media sonrisa se dibujó en sus labios, mirándola con un toque de burla y curiosidad.

—Si quieres verlo, vas a tener que pagar.

Josefina le devolvió una mirada inexpresiva y volteó la cabeza.

—Ya no quiero.

Benjamín soltó una risa ahogada.

Desde el suelo, Cristóbal intervino:

—Josefina, tal vez todavía no conoces bien de lo que es capaz Benjamín. Felipe no es rival para él.

Los ojos de Josefina brillaron con interés y miró a Felipe, solo para verlo toser incómodamente sin decir una palabra.

La curiosidad de Josefina aumentó.

¿En serio?

¿Felipe no podía vencer a Benjamín?

Ella había visto la brutalidad con la que Benjamín peleaba cuando perdía los estribos, pero Felipe tampoco se quedaba atrás.

Su mirada volvió al hombre a su lado, y vio que él ya se había quitado el saco y se estaba desabotonando los puños de la camisa con total tranquilidad.

Al ver esto, un brillo cruzó por sus ojos.

Benjamín se puso de pie y dijo:

—Vamos, es hora de estirar los músculos.

Felipe: "…"

Realmente no tenía muchas ganas de pelear.

Pero al notar la emoción en los ojos de Josefina, sintió que no podía negarse.

Ni modo.

A pelear se ha dicho.

Cerró los ojos instintivamente, pero la curiosidad pudo más y abrió un solo ojo para espiar.

Entonces, vio a Benjamín esquivando el golpe con una facilidad pasmosa. Incluso agarró el brazo de Felipe, lo impulsó hacia adelante, lo jaló de vuelta y, en un movimiento rápido de lado, lo derribó contra el suelo.

Josefina: "¡¡!!"

Abrió los ojos de par en par, sin poder creer lo que veía.

—Jeje, ¿qué te dije, Josefina? —exclamó Cristóbal, animando desde un lado, y luego la miró como si le estuviera mostrando un tesoro.

Josefina estaba boquiabierta. Tardó un buen rato en recuperar la voz.

—Sabía que era bueno, pero jamás imaginé que fuera tan fácil para él.

Cristóbal suspiró y le explicó:

—Benjamín casi no ha peleado en los últimos años. Recuerdo que hace tiempo, resolvía las cosas a golpes a la menor provocación. Muchos empezaron a temerle; con solo verlo, temblaban del miedo.

Hizo una pausa, la miró y continuó:

—Aunque ustedes ya estaban juntos en ese entonces, a Benjamín le daba miedo que conocieras esa faceta suya y te asustaras. Por eso nunca mencionaba estas cosas frente a ti, y mucho menos permitía que te enteraras.

Al escuchar aquello, las largas pestañas de Josefina temblaron. Era cierto, no tenía idea de nada de eso.

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