—Eso no importa.
Josefina lo miró con frialdad y fue directo al grano: —Vine a decirte que siento que alguien me está vigilando.
Benjamín empezó a toser de manera aún más violenta, su rostro se volvió más pálido que antes. La tomó de la mano de inmediato, la jaló hacia el interior de la habitación, cerró la puerta de golpe y, con mucho esfuerzo, preguntó: —¿Qué fue lo que pasó? *Cof, cof...*
La mirada de Josefina se llenó de emociones encontradas. Se dio la vuelta, se sirvió un vaso de agua, se lo entregó y le dijo: —Toma un poco de agua. Tengo miedo de que te mueras tosiendo.
Benjamín: ...
Aunque sus palabras fueron duras, el simple hecho de que se hubiera molestado en servirle agua demostraba que, en el fondo, él aún le importaba, ¿verdad?
Tomó el vaso, bebió un par de tragos y logró calmar un poco la tos antes de esbozar una sonrisa débil y descolorida: —Gracias, Jose.
Josefina lo ignoró por completo y procedió a contarle todo lo que había sucedido en la zona turística y la sensación que había experimentado.
Benjamín asintió y respondió con seriedad: —Le pediré a los guardaespaldas que investiguen si hay personas sospechosas rondando cerca de ti.
Josefina asintió brevemente y luego agregó: —Si de verdad te sientes tan mal, ve al hospital. Si sigues aguantando así y de repente te mueres, ¿qué voy a hacer?
Los ojos oscuros de Benjamín brillaron con intensidad: —¿Tienes mucho miedo de que me muera?
—Por supuesto —respondió Josefina de inmediato, mirándolo con total sinceridad—. Después de todo, hicimos un trato. Tienes que ayudarme con muchas cosas y tienes que protegerme. Si te mueres, ¿quién me va a proteger? ¿Quién me va a ayudar a acabar con Ariadna Hurtado?
Benjamín: ...
Al dejar sus intenciones tan claras y crudas, era obvio que su único propósito era clavarle un puñal en el corazón.
—¡Cof, cof, cof!
La agitación emocional lo hizo toser de nuevo, esta vez con mucha más fuerza que antes. Sentía como si las heridas de su pecho estuvieran a punto de abrirse.
Asintió mientras tosió: —*Cof, cof...* Lo sé, dejaré que el doctor me revise. Regresa a tu habitación por ahora... *cof, cof, cof...*
Josefina: ...
Se quedó en silencio por un momento, luego sacó su celular y marcó el número de Felipe.
—¡Srta. Josefina!


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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