—¡Eres un bicho venenoso! Deja de escupir estupideces. ¿Quieres que te corte la lengua de una vez?
Al escuchar sus palabras, el rostro de Felipe se ensombreció y la amenazó con una mirada feroz.
Pero Magdalena lo miró con actitud desafiante.
—Yo sí sé cuál es el antídoto. ¿Aún quieres matarme?
Al oír esto, el semblante de Felipe se tornó completamente lúgubre.
Y justo en ese momento, Josefina le tiró de la manga.
Felipe volteó a verla.
—Jose, ¿qué pasa?
Josefina dio media vuelta y salió de la habitación sin titubear. Felipe ni se molestó en mirar de nuevo a Magdalena y fue tras ella.
Ya en el pasillo, Josefina tecleó algo en su celular.
【Ella no sabe cuál es el antídoto.】
Felipe lo leyó y se quedó algo descolocado.
—¿Cómo estás tan segura?
【Si supiera cuál es el antídoto, no tendría esa actitud con nosotros.】
Josefina le mostró la pantalla.
Felipe lo meditó un segundo y luego asintió. Era cierto. Magdalena era avariciosa por naturaleza. Si de verdad tuviera el antídoto, habría empezado a exigir un sinfín de condiciones a cambio, en vez de andarse con esa actitud tan cínica y ambigua.
Josefina se dio vuelta para caminar hacia su propia habitación.
—¿Y qué planeas hacer con ella ahora que sabemos que no sirve para nada? —preguntó Felipe.
Josefina no respondió al instante. Esperó a estar de nuevo en su cuarto para escribir en el teléfono.
【¡No dejen que su herida cierre! No le den de comer lo suficiente, ¡quiero que siga viva para que sufra!】
Felipe leyó el mensaje y asintió con aprobación.
—Dejarla morir sería un regalo inmerecido. Que desee estar muerta es el mejor final para ella.
Dicho esto, salió de la habitación.
Josefina caminó hacia la ventana. Observó la noche cerrada en el exterior, y su ánimo cayó aún más hondo.

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