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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 646

Valentín comprendió sus intenciones al instante, y una expresión igual de fría asomó a su rostro.

—Tal vez no podamos replicar el veneno exacto, pero dejar a alguien ciego es bastante fácil.

Josefina volvió a escribir, y la voz mecánica sonó sin piedad:

—Y también sus piernas. Alberto tendrá que depender de una silla de ruedas por el resto de su vida, ¿con qué derecho Magdalena Salinas puede seguir de pie?

—Entendido. Me encargaré.

Valentín asintió, completamente de acuerdo en que hacer de la vida de Magdalena un infierno era la mejor decisión.

...

Josefina se acercó a la habitación de Benjamín. Cuando el guardaespaldas la vio, se quedó paralizado un momento e hizo el ademán de hablar.

Ella levantó la mano de inmediato y se llevó el dedo a los labios para pedirle silencio.

El escolta pestañeó, confundido.

*¿A quién debía obedecer? ¿Al jefe o a la señora?*

*Bueno... será mejor hacer de cuenta que no vi nada.*

El hombre volteó la cabeza y miró hacia otro lado.

Josefina avanzó y abrió la puerta de la habitación.

Se escuchaba una respiración pesada y llena de sufrimiento. El hombre en la cama estaba sumido en tanto dolor que ni siquiera se percató del sonido de la puerta al abrirse.

No fue hasta que alguien se detuvo junto a la cama y acarició su rostro que reaccionó.

Ese tacto ligeramente frío, ese aroma inconfundible y tan familiar que le pertenecía solo a ella...

¡Todo el cuerpo de Benjamín se estremeció!

—Jose, ¿qué haces aquí? —preguntó con voz ronca.

Josefina no respondió. Simplemente siguió delineando las facciones de su rostro con suavidad. Sus dedos se posaron en sus sienes y comenzaron a masajear con delicadeza.

Él le tomó la mano de inmediato y le preguntó, con la voz rota:

—¿Ya lo sabes?

Las yemas de los dedos de ella se movieron y trazaron un punto en la palma de su mano.

Benjamín dejó escapar un suspiro de resignación.

—¿No te da lástima verme así?

Estaba recostado en la cama, con gran parte del rostro cubierto de vendajes, la piel pálida, mirándola en medio de su evidente vulnerabilidad al hacer esa pregunta.

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