Con una expresión muy seria, añadió: —No te prometo una cura completa porque has llegado algo tarde. Si hubieran venido el mismo día del envenenamiento, quizás habría sido más fácil curarte.
Los dedos de Josefina se contrajeron. Escribió en el celular y la voz electrónica dijo: —Empecemos el tratamiento. Si me recupero, será excelente; si no, ya veremos qué hacer.
Lorena asintió. —Primero te aplicaré unas terapias naturales y acupuntura, y luego seguiremos con unas hierbas medicinales para desintoxicarte.
Se levantó a buscar su estuche, que estaba lleno de todos los instrumentos necesarios.
Cristóbal observaba con atención, apretando los puños. Con la voz tensa, preguntó: —¿Y si los ojos de alguien resultaron lastimados por las toxinas?
—Tendría que ver su condición para poder decirte algo —respondió Lorena.
—¿Entonces podrías acompañarnos? —insistió Cristóbal de inmediato—. Él tiene otras heridas, no puede tomar un avión para venir.
Lorena se quedó pensativa. —Tengo que pensarlo.
Cristóbal quiso agregar algo, pero Felipe lo detuvo.
—Piénsalo con calma —dijo Felipe—. Primero trátala a ella y veamos cómo resulta.
—Está bien.
Josefina bajó la vista, sentada en el sofá con los labios apretados.
*Si ella no podía garantizar su recuperación, ¿qué pasaría con Benjamín?*
*Ella aún podía vivir sin hablar.*
*Pero él... si no podía ver, ¿cómo seguiría adelante?*
Al darse cuenta de esa posibilidad, a Josefina se le encogió el corazón y el repentino dolor hizo que frunciera el ceño.
—Acompáñame a la habitación —le indicó Lorena cuando terminó de preparar todo.
Josefina cerró los ojos para reprimir sus emociones y siguió a Lorena hacia un cuarto.


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Comentarios
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