—Pero quiero quedarme un rato más contigo.
Benjamín volvió a apretar su mano y se giró hacia ella, con un tono teñido de profunda ternura.
Josefina frunció el ceño con gracia, retiró su mano de inmediato y sacó su celular para escribir. La fría voz electrónica femenina resonó en la habitación:
—Revisar tus ojos es lo más importante ahora.
—Lo sé —respondió Benjamín bajando un poco la cabeza, con un tono apagado, antes de añadir—: Jose, eres muy cruel.
Josefina lo miró incrédula.
¿Cruel ella?
¿En qué momento había sido cruel?
¡Él era el que estaba siendo completamente irracional!
Josefina siguió escribiendo en su celular:
—Benjamín, ¿tienes fiebre? ¿Cuándo he sido cruel contigo?
Aunque la voz electrónica no tenía tono alguno, Benjamín podía imaginarse perfectamente la expresión de molestia e incredulidad en su pequeño rostro.
Una ligera sonrisa se dibujó en sus labios antes de responder:
—Ya ni siquiera me escribes en la palma de la mano, ¿qué es eso sino ser cruel?
Josefina suspiró exasperada.
*Qué pérdida de tiempo discutir con él.*
Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta, con la intención de buscar a Lorena.
Sin embargo, al abrir la puerta, se encontró con Lorena de pie a unos pasos de distancia, parpadeando con sus grandes ojos inocentes y una expresión de total obediencia.
Josefina se quedó sin palabras.
Se sonrojó sin motivo aparente. Tosió levemente para disimular y le señaló el interior de la habitación.
Lorena se acercó y preguntó con evidente sorpresa:
—Uy, ¿solo estuvieron de acaramelados este ratito?
Josefina apretó los labios.
Lorena no notó la vergüenza en su rostro y continuó hablando sin filtro:
—Pensé que se iban a mimar por más tiempo. ¡Hasta iba a ponerme a ver una película!
Josefina tragó saliva.
*¡Ya basta!*
*¡Es suficiente!*
*¡Que deje de hablar!*
Además, ¡seguro que lo había malinterpretado todo!


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Comentarios
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