Benjamín preguntó con un tono indiferente:
—¿No puedo tomarlo?
La voz de Lorena se volvió sumamente estricta.
—¡Total y absolutamente no! Todas las toxinas de tu cuerpo se han concentrado en tus ojos. Cualquier alimento estimulante puede desencadenar una reacción en esas toxinas. Si llega a haber algún efecto adverso, todo mi esfuerzo habrá sido en vano y podrías quedarte ciego para siempre.
Al escuchar su advertencia, la expresión de todos en la habitación se volvió seria.
Cristóbal intervino apresuradamente:
—Mejor olvida el café, Benjamín. Si quieres volver a ver a Josefina, vas a tener que aguantarte.
Benjamín:
—...
*Qué idiota...*
¿Acaso no se daba cuenta de que solo había usado el café como excusa para que Josefina saliera de la habitación?
Aunque se sintió frustrado, terminó cediendo.
—De acuerdo, ya entendí.
Lorena se giró hacia Josefina, esbozó una cálida sonrisa y le dijo:
—Jose, no te preocupes. Si tienes alguna duda, ven a buscarme. No voy a estar lejos, o si prefieres, mándame un mensaje por WhatsApp.
—Mjm.
Josefina asintió.
Qué alivio que había decidido ir primero a preguntarle a Lorena en lugar de ir directo a comprar el café.
Exhaló aliviada, pero al mismo tiempo miró a Benjamín, sintiendo una punzada de sospecha.
¿Realmente solo estaban hablando de negocios hace un momento?
Si mencionó proyectos en el extranjero, ¿significaba que ya tenía pistas sobre Silvia?
Josefina sacó su celular rápidamente y escribió:
【¿Ya tienes noticias de Silvia o de Federico?】
—No —Benjamín negó con la cabeza.



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Comentarios
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