A continuación, Silvia deseó poder coserle la boca. Los músculos del hombre estaban tensos y el sudor resbalaba por su piel.
Sus ojos azules estaban nublados por la pasión, y sus jadeos sonaban increíblemente sugerentes. Mientras la sostenía por la cintura, no dejaba de alentar sus movimientos.
—Qué bien, bebé. Eres increíble, bebé. ¡Te amo tanto!
Acompañadas de sus respiraciones agitadas, aquellas palabras hacían que a cualquiera le ardieran las orejas.
Ella directamente le tapó la boca.
—Tú... ya no hables...
Federico no dudó en empezar a lamer y besar la mano que lo silenciaba, apretando su agarre en la cintura de la chica.
Silvia ya no tenía fuerzas, así que simplemente se recostó sobre el pecho del hombre, escuchando el ensordecedor latido de su corazón.
Federico acarició su espalda, besándola con ternura.
—Qué bien lo hiciste, mi bebé es la mejor. Déjame el resto a mí.
De repente, el mundo dio vueltas, y Silvia terminó inmovilizada debajo de él.
...
Silvia vio el amanecer sobre el mar en circunstancias muy diferentes a las que hubiera deseado, y no tenía ganas de admirar la vista. Le dolía la cabeza y estaba exhausta, pero había algo que no dejaba de rondar su mente.
—No olvides lo que me prometiste.
Antes de quedarse dormida, lo agarró del brazo y lo miró fijamente.
Federico se inclinó para besar sus labios hinchados. Su voz denotaba una profunda satisfacción.
—No lo olvidaré.
Solo entonces Silvia pudo dormir tranquila.
...
Después de tomar su medicina natural durante tres días seguidos, Josefina había dejado de toser sangre. Intentaba emitir sonidos, pero su voz seguía siendo un susurro ronco y muy desagradable de escuchar. Se miró en el espejo, y sus grandes ojos claros reflejaban una profunda melancolía.
Justo en ese momento, su celular sonó. Había recibido un correo electrónico.
Lo revisó, ¡y de inmediato abrió los ojos de par en par!



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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