Josefina se veía visiblemente nerviosa. Bajó la mirada, aterrada por la posibilidad de que su voz nunca volviera a ser la misma.
Si eso pasaba, ¿qué haría?
¿Podría volver a dedicarse al doblaje, la carrera que tanto amaba?
Tras examinar el pulso en ambas manos, Lori habló con seguridad.
—Tu cuerpo está respondiendo muy bien a mis tratamientos. Tus cuerdas vocales sufrieron un daño severo y vas a necesitar más tiempo de recuperación. No te presiones, te vas a poner bien.
Lori la miró con total sinceridad, sin una pizca de engaño, con el único propósito de evitar que Josefina se agobiara con pensamientos pesimistas.
Ese tipo de estrés solo retrasaría su recuperación.
Josefina asintió, dispuesta a confiar en ella.
Luego, Lori se acercó a Benjamín.
—Déjame revisarte a ti también.
Benjamín, sentado en el sofá, emitió un sonido de afirmación.
Lori le quitó el vendaje, le separó los párpados con cuidado y sacó una linterna médica para examinarle los ojos.
—¿Percibes algo de luz? —preguntó mientras observaba el estado de sus pupilas.
—No —respondió Benjamín con frialdad.
Tras revisar ambos ojos, Lori guardó la linterna y procedió a tomarle el pulso.
Poco después, se puso de pie.
—Ambos están evolucionando bien, no se desesperen.
—Gracias por las molestias, doctora Lorena —dijo él con un tono distante.
Lori lo miró de reojo, torció un poco los labios y luego se giró hacia Josefina, con los ojos brillantes de entusiasmo.
—Josefina, ¿me acompañas a dar una vuelta hoy? No conozco Santa Aurelia y no sé qué lugares buenos hay para comer o pasear.
—No —intervino Benjamín de inmediato.
—¿Por qué no? ¡Tú no decides! —replicó Lori al instante.

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Comentarios
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