La repentina y exaltada reacción de Teresa asustó a Albertito. Su pequeño cuerpo se encogió y sus grandes ojos miraron hacia todos lados por instinto, como si buscara algo o, más bien, como si temiera que alguien apareciera de golpe.
Al presenciar esa reacción, Teresa sintió que el corazón se le rompía en mil pedazos. Atrajo al niño hacia su pecho y lo abrazó con fuerza, con la voz temblorosa.
—Alberto, mi niño, no tengas miedo. Esta es la casa de tu tío Benjamín, aquí nadie puede molestarte ni hacerte daño, no temas.
Estaba claro que el niño sentía un pánico profundo.
Bajo el consuelo de su abuela, el terror de Albertito comenzó a disiparse lentamente. Acurrucado en sus brazos, murmuró:
—Mamá decía que este era nuestro secreto.
Teresa cerró los ojos, invadida por un dolor punzante. Ya podía imaginarse de qué clase de secreto se trataba.
Albertito levantó la mirada hacia ella.
—Abuela, ¿no le dirás el secreto a mamá, verdad?
—No, la abuela guardará tu secreto —lo tranquilizó Teresa con voz dulce y protectora.
Albertito pareció finalmente aliviado y continuó hablando.
—Mamá decía que, si yo lloraba, el tío Benjamín vendría a acompañarme. Pero cuando no me salían las lágrimas, mamá me pegaba...
El rostro de Teresa se volvió pálido y rígido como la piedra.
En ese momento, Josefina y Lori salieron al pasillo y escucharon las palabras del pequeño.
La voz del niño era pura e inocente, pero lo que contaba dejó a todos los presentes en un estado de completa conmoción.
—Mamá me obligaba a quedarme en la piscina, pero yo no quería estar ahí, el agua estaba muy fría... —relataba Albertito, recordando lo que más se le había grabado en la memoria—. Y luego llegaba el tío Benjamín. Cada vez que él venía, mamá se portaba muy, muy bien conmigo, por eso yo deseaba que el tío Benjamín viniera seguido.
—Ya, mi niño, ya... la abuela ya lo sabe, no digas más, no pienses más en eso —le suplicó Teresa, incapaz de seguir escuchando aquellas atrocidades. Apretó al niño contra su pecho—. No tengas miedo, de ahora en adelante la abuela te protegerá. Nadie se atreverá a lastimarte.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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